Texas siglo XXI

Si les gusta el cine “de toda la vida”, bien hecho, bien escrito, rodado con oficio y sin tiempos muertos, no le defraudará 'Comanchería', la última película de David MacKenzie.

Escena de 'La Comanchería'.
Escena de ‘La Comanchería’.

Fernando Gracia. Avalada por sus varias nominaciones a diversos premios y tras haber llamado la atención en el Festival de Cannes, nos llega “Comanchería”, curioso título español para “Hell or high water”, algo así como “Infierno o marea alta”.

Ya la referencia a los comanches nos transporta a los viejos aficionados a recordar aquellos westerns donde el hombre blanco luchaba contra ellos. Nos gustaba esa palabra, como nos gustaba sioux o navajos, por citar solo algunos de los más mencionados. Hasta hubo una película que se hizo muy popular, aunque la crítica nunca la tuvo demasiado en cuenta: “Los comancheros”, con el inefable John Wayne.

Pero ya no estamos en el siglo XIX, aunque sí estamos en Texas, en esos paisajes inmensos de carreteras interminables, de pueblos aburridos, de sol inmisericorde y de gente digamos peculiar. Y a mucha honra, que podrían decir, si hubiera frase similar en su inglés… también muy peculiar.

En esas tierras una pareja de hermanos se dedica a asaltar bancos. No se llevan grandes cantidades, solo el “dinero suelto”. Comienza lo que al principio parece ser un filme más de atracos y su posterior persecución, en este caso por parte de los Rangers, otra peculiaridad del que fuera el país de la estrella solitaria.

Pero el hábil guión va derivando poco a poco hacia otros senderos. Descubrimos las motivaciones de los asaltantes y asistimos a las jugosas conversaciones que el ranger, interpretado por Jeff Bridges, tiene con su ayudante, un paciente tipo de origen hispano.

El interés de la trama no decae en ningún momento, más que por la propia historia que se nos cuenta por el aroma que desprende, un aire a cine clásico que sabe mezclar el thriller con esencias del western, porque desde luego no faltan las armas ni se excusa su uso.

Incluso añade el guión unas notas de romanticismo, aunque no tengan que ver ni mucho menos con asuntos amorosos. Más bien con aspectos más propios del cine negro que nos podrían remitir a viejos filmes de los 40 o 50.

El filme está adornado por una soberbia banda sonora a base de canciones country, algunas de ellas con textos tremendos y como se deduce de lo dicho más arriba, resulta absolutamente entretenido en toda su duración, que por cierto no se alarga innecesariamente, al revés que tantos y tantos otros títulos que nos llegan últimamente.

Bridges no tiene la más mínima dificultad para lucirse en el bombón de personaje que le ha tocado en suerte. Quizá sobreactúa en algún momento, pero no le sienta mal esa postura. La pareja de hermanos son Chris Pine y Ben Foster, que dan un salto adelante en sus carreras con este nuevo título. Ambos tienen experiencia en el oficio pero, salvo error, no habían filmado títulos realmente importantes hasta la fecha.

Si les gusta el cine “de toda la vida”, bien hecho, bien escrito, rodado con oficio y sin tiempos muertos, no le defraudará este filme de David MacKenzie, director del que solo recuerdo haber visto “Young Adam”, y que muestra en esta entrega buenas maneras.



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