El silencio de Dios

La película incita a reflexionar al espectador y es muy recomendable para quienes de verdad quieran reflexionar sobre el hecho religioso.

Escena de 'Silencio'.
Escena de ‘Silencio’.

Fernando Gracia. Los estrenos de Martin Scorsese son siempre esperados con expectación por los aficionados, que haberlos hay los. Es larga la carrera que el italoamericano ha desarrollado y hace tiempo que tiene un espacio propio en el Olimpo de los realizadores, aunque como mortal que es su carrera ha tenido sus altos y bajos, faltaría más.

Dice el neoyorquino que ha tardado muchos años en levantar el proyecto de llevar a la pantalla la historia de unos jesuitas portugueses que en el siglo XVII anduvieron por el lejano Japón tras las huellas de su maestro, quien según algunos rumores había apostatado.

Y no es de extrañar estas dificultades, ya que no es fácil convencer a la industria para levantar un filme de aire religioso en estos tiempos que corren. El haber apostado el propio Scorsese su dinero parece haber sido lo que finalmente inclinó la balanza a favor del proyecto.

Lo que nos encontramos los espectadores es una ambiciosa superproducción donde el director retorna a uno de sus temas favoritos, la religión. De una forma o de otra ya estuvo presente en títulos como “Kundun”, “La última tentación de Cristo” o incluso “Malas calles”, uno de sus primeros filmes.

Hay quien dice que este “Silencio” es un filme religioso. Yo más bien diría que es una película sobre la religión. Al comienzo parece que vamos a asistir a una historia más sobre misioneros, incluso cercana al viejo cine de estampita. Pero cuando al cabo de una hora más o menos se produce el encuentro con los japoneses el guión toma altura al escucharse las razones de ambos lados, culminando con una hora final espléndida donde salen a relucir temas de alto calado, dominados por las eternas dudas que nos asaltan a todos los humanos, creyentes o no.

No estamos ante una película ni para todos los públicos ni para todos los gustos. Incita a reflexionar al espectador y es poco apta para integristas y excluyentes, aunque muy recomendable para quienes de verdad quieran reflexionar sobre el hecho religioso, al margen de si son más o menos creyentes o más o menos practicantes. Scorsese invita a no quedarse quieto como simple espectador y arriesga con un producto llamado a no recuperar ni de lejos su seguramente costosa inversión.

Cinematográficamente la película tiene una factura impecable, lo que no es de extrañar en este director, que siempre ha filmado muy bien. Algún exceso de virtuosismo en los primeros minutos, con sus planos aéreos y uso de la grúa y poco más que reprocharle.

Sí pienso que unos cuantos minutos menos en el arranque le habrían sentado muy bien al producto final. Incluso llega a hacerse pesado ese arranque. Digamos que la parte de aventuras podía perfectamente haberse aliviado. También pienso que hay alguna que otra libertad narrativa en el guión, como el hecho de que demasiados japoneses hablen sin mayores problemas el idioma portugués. Que no creo que la labor de San Francisco Javier hubiera llegado a tanto.

La impresión final ante esta nueva entrega de Scorsese es favorable con algunas reservas. Reconozco que se trata de un filme poco comercial, incómodo para muchos espectadores y que necesita de un espectador medianamente preparado e interesado en estos temas. No forzosamente religioso ni practicante. Es más, a muchos de estos últimos ciertas cosas que se oyen les pueden molestar si no se escuchan con mente abierta.

En medio de un montón de orientales se mueven tres blancos, los jóvenes Andrew Garfield y Adam Driver, recientemente vistos en “Hasta el último hombre” y “Paterson”, y Liam Neeson, que llena la pantalla en su intervención. Y no solo porque mida dos metros. Ah, y una breve aparición de Cirian Hinds –“Munich” o la serie “Roma”, por citar algunos trabajos. Todos cumplen sin problemas, favoreciendo mucho a la interpretación la suciedad y el desaliño indumentario de sus figuras.

Título interesante que no desmerece en la brillante carrera de Scorsese, quien desde luego ha firmado productos más redondos, aunque entiendo que a muchos no le pueda interesar. Los hay muy refractarios a los temas espirituales, como quien suscribe lo es a ciertos otros géneros que no digo, y que sí copan pantallas.

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