Camelot

“Jackie” es un acercamiento a la figura de Jacqueline Bouvier, luego Jackie Kennedy y, al final, Onassis. centrado en los días siguientes al magnicidio de Dallas.

Natalie Portman es Jackie Kennedy.
Natalie Portman es Jackie Kennedy.

Fernando Gracia. La presencia tras la cámara del chileno Pablo Larrain hace pensar al aficionado que no va a encontrarse con un biopic al uso de la industria norteamericana, ni menos una hagiografía. De entrada, incluso resulta curioso que un hombre tan apegado en sus temas a asuntos relacionados con su país natal –“Neruda”, “No” o la magnífica “El club”, entre otras- haya aceptado dirigir un filme sobre la viuda de Kennedy.

No faltarán quienes se acerquen a él pensando en ver un trabajo cercano a las revistas del corazón, en las cuales tantas y tantas veces apareció Jacqueline Bouvier, luego Jackie Kennedy y al final Onassis. Como tampoco faltarán quienes piensen huir de su visión pensando que lo que se nos va a mostrar va a ir por ese sendero.

Y no es así. “Jackie” es un acercamiento a la figura de esta mujer centrado en los días siguientes al magnicidio de Dallas. En su nueva residencia recibe a un periodista y esa entrevista, salpicada de recuerdos, “flash backs” e imágenes de un documental anterior, hábilmente trucadas para incluir la imagen de Natalie Portman, componen el meollo de esta notable película, que no es un gran filme ni seguramente lo pretende pero que a quien suscribe le ha dejado un gusto muy agradable en su visión.

El hábil guión muestra la complejidad de esta mujer, que todo el mundo cree conocer, con sus reacciones ante la tragedia que se le vino encima. No se nos retrata una heroína, tampoco es necesario que empaticemos completamente con ella, seguramente nos influirá la idea que sobre el personaje tengamos cada uno de nosotros, pero de una forma o de otra asistimos al desenvolvimiento de una mujer que fue cualquier cosa menos vulgar y que sin duda marcó un momento único en la historia de la Casa Blanca.

Me han parecido ingeniosas las referencias frecuentes que Jackie hace al musical de Lerner y Loewe “Camelot”. Dice que era el preferido del presidente, lo que sirve para presentar esa especie de “corte” que ambos crearon en la Casa Blanca como un remedo de aquella del Rey Arturo, edulcorada por la hermosa música de la obra teatral, que curiosamente se había estrenado en Broadway el año en el que Kennedy ganó las elecciones, 1960.

Opino que nadie de los que vimos en directo la televisión aquella noche del 22 de noviembre de 1963 debería perderse la película. No había otra tele que aquella, o sea que la noticia llegó simultáneamente a millones de españoles, que pocos días después veríamos también en directo cómo Jack Ruby asesinaba al supuesto magnicida Oswald. Si lo pensamos bien casi puede decirse que fue una de nuestras primeras inmersiones con imágenes en la historia contemporánea. Solo por eso, para completar nuestro conocimiento del asunto, ya se debería ver la película.

Sí, puede decirse que no son estos motivos muy ortodoxamente cinematográficos. Pero debo añadir que la película es francamente notable en este aspecto. Está muy bien medida en su desarrollo, inteligente en todo momento y francamente atractiva en lo visual.

Y cuenta con una soberbia actriz, Natalie Portman. No sé si se alzará con la estatuilla, y en el fondo da igual. Pienso que su carrera, ya jalonada con éxitos incuestionables como su Óscar por “Cisne negro”, va a quedar marcada por este personaje. Oírla en versión original es un regalo por su capacidad de matizaciones. Sus diferentes formas de interpretar el personaje, entre la dama atrevida pero aún vacilante que enseña su nuevo hogar en un documental y la viuda reciente, confusa pero orgullosa, que exhibe una determinación que muchos no entenderán, haría que concederle la estatuilla no fuera un desatino.

La acompaña un elenco muy ajustado en sus papeles, como los eternos secundarios de lujo Billy Crudup y Peter Sarsgaard, que interpretan al periodista y a Bob Kennedy, respectivamente. Y el gran John Hurt en su penúltimo trabajo, que para nosotros pudiera ser el último. Una maravilla oírle representando a un sacerdote, papel que le permite protagonizar uno de los momentos más hermosos de la película, con la conversación que mantiene con Jackie previa al sepelio del presidente en el cementerio de Arlington.

Lo dicho, no estamos ante un filme memorable, pero desde luego tampoco ante un filme vulgar y condescendiente, a la manera de multitud que hemos visto rememorando las andanzas de gentes célebres. Hay inteligencia en el planteamiento y hay credibilidad en lo que vemos. Que a la postre es más importante que mostrar la verdad, porque a esta quién la conoce realmente…



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