Bodas de sangre

La compañía zaragozana Teatro del Alma, bajo la dirección de Laura Plano, ha buscado una forma de universalizar un tema de por sí universal, conectándolo con el tango argentino.

bodas de sangreFrancisco Javier Aguirre. La puesta en escena de ‘Bodas de Sangre’, que ha ocupado el Teatro Principal durante la pasada semana, ha significado una explosión de poesía y al mismo tiempo un alarde de transgresión de los cánones establecidos para representar cierto tipo de obras.

La compañía zaragozana Teatro del Alma, bajo la dirección de Laura Plano, ha buscado una forma de universalizar un tema de por sí universal, conectándolo con un ambiente próximo, desde una perspectiva cultural, y lejano en la geografía, al menos en su origen: el tango argentino.

El drama poético de García Lorca sobre el crimen ocurrido en Nijar en 1928 ha predominado sobre otras narraciones de ese mismo suceso, ha tenido múltiples versiones en la escena y se ha trasladado a la gran pantalla en diversas ocasiones, desde 1938 hasta el año pasado con la película ‘La Novia’ de la zaragozana Paula Ortiz.

Tan amplio despliegue de posibilidades ha determinado a los responsables del Teatro del Alma a salirse de la raíz tradicional, del espíritu atávico andaluz que transita en las interioridades de la obra y, sin restarle un ápice de su mensaje poético, darle un vuelo de amplios horizontes.

A ello han contribuido la música de Óscar Plano, que actuó en directo a la guitarra, junto con Fernando Salinas, al bandoneón, las coreografías de Elia Lozano, y la elaboración del tango bailado por Pilar Vicente y José Antonio Sanz Miguel. El elenco lo forman Ana Marín (la madre), Jesús Sesma (el padre), Evelia Sancho (la novia), Saúl Blasco (Leonardo), Pepe Gros (el novio), Susana Martínez (la mujer de Leonardo), Carmen Marín (la suegra), Nuria Herreros (la criada), Violeta Rebollo (la niña) y Elia Lozano (la muerte).

El nuevo enfoque no empaña en absoluto el espíritu inicial de la pieza de García Lorca, un poeta que se expresa a través de diferentes estructuras literarias, en este caso el teatro. La función transcurre con un dinamismo muy sugerente por cuanto está salpicada de episodios musicales cantados y bailados, aunque ajenos a la raíz telúrica en la que se inspiró la obra. La presencia constante de la muerte, encarnada por la bailarina Elia Lozano, personaliza esta versión.

Ese punto de vista, desde la perspectiva del tratamiento original del tema puede ser discutible, pero abre nuevas posibilidades expresivas, además de facilitar la recepción de la obra en otras latitudes. García Lorca, sin embargo, tiene asegurada la acogida en cualquier ambiente atento a la cultura, incluso en los estratos más populares.



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