Cáscaras vacías

El espectáculo parte de una realidad histórica: el exterminio por parte de los nazis de aquellas personas que padecían alguna deficiencia psíquica o física.

Escena de 'Cáscaras vacías'.
Escena de ‘Cáscaras vacías’.

Francisco Javier Aguirre. La gran sorpresa de esta producción presentada durante el pasado fin de semana en el Teatro del Mercado es su capacidad para combinar el horror y la belleza. El espectáculo parte de una realidad histórica: el exterminio por parte de los nazis de aquellas personas que padecían alguna deficiencia psíquica o física. La acción se desarrolla en los sótanos de un castillo austriaco, en Hartheim, donde científicos y médicos experimentaban con estas personas.

Magda Labarga y Laila Ripoll presentaron el proyecto al Centro Dramático Nacional y elaboraron la pieza contando con personas que ofrecían alguna discapacidad. Natalia Abascal, Raúl Aguirre, David Blanco, Patty Bonet, Ángela Ibáñez y Jesús Vidal son los sorprendentes actores-protagonistas de la trama, que las directoras han organizado de modo inteligente parodiando la estructura del cabaret, tan popular en la época, una fórmula que permite combinar la acción, la música y la danza entendiendo que es la mejor forma de transmitir esa combinación pavorosa que hacen el horror y la belleza.

Los seis intérpretes están tan vinculados a la trama que producen una sensación infrecuente de verosimilitud. El teatro es representación, pero también vivencia, y en este caso el objetivo se alcanza plenamente. El patetismo y la crueldad de las situaciones que afectaron a cientos de miles de personas discapacitadas, y también a las pertenecientes a grupos étnicos no arios, no es solo una acusación a los responsables de las masacres, sino también a la sociedad germana en general que, conociendo esos crímenes de un modo u otro, respondió con indiferencia.

Al mismo tiempo la obra es un alegato sobre la actitud de desentendimiento, por parte de la sociedad actual, respecto de los problemas que afectan a los ‘diferentes’. El mensaje de ‘Cascaras vacías’ es potente y permanente cuando el espectador es capaz de ponerse, aunque sea por unos momentos, en el papel de las víctimas. Muy bien trabajados tanto el espacio escénico como la iluminación, la videoescena y la banda sonora para conseguir los efectos deseados.



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