Tras la guerra

'Land of mine' aborda un asunto apenas tratado en la larga lista de películas sobre la guerra, la desactivación de minas.

Escena de 'Land of mine'.
Escena de ‘Land of mine’.

Fernando Gracia. Una playa en Dinamarca sembrada de minas para contener el desembarco aliado, que como se sabe no se realizó por aquellos lugares. Una orden del mando: utilizar prisioneros de guerra para desactivarlas. Y un suboficial danés al que se le encarga la labor de mandar el pelotón de hombres asignados.

Este es el punto de partida de “Land of mine” –qué fácil hubiera sido traducirlo por “Tierra minada”, pues no… Se mantiene el título en inglés, quizá pensando que eso le da más prestigio-. Una película danesa, dirigida por Martin Zandvliet, inédito por estos lares, que optó recientemente al Óscar como filme de habla no inglesa.

La línea argumental es bien sencilla y su desarrollo tampoco depara grandes sorpresas. Pero es tal la potencia dramática de su planteamiento y la dura sensación de verosimilitud que destila en todo momento, que el espectador asiste tenso a su desarrollo en el convencimiento de que aquello no puede acabar demasiado bien.

Porque la labor de desactivar más de cuatro mil minas por una docena más o menos de jóvenes soldados no augura más que una muy probable carnicería, como así ocurre. Pero el filme no trata solamente del mero hecho de la difícil desactivación, sino de algo mucho más profundo, que es lo que le da cuerpo y profundidad a la película.

La película habla del odio al enemigo, de la dificultad de mantener ese odio si se mira a los ojos al rival, de la fraternidad entre los ahora oprimidos, de la forma de entender la disciplina y sobre todo del honor a la palabra dada. Y también, por qué no, de la eficiencia alemana.

Hay un personaje fundamental en la narración, el suboficial danés encargado de mandar esa tropa de prisioneros, elegido quizá por dominar la lengua germana. Un tipo duro que va evolucionando a medida que pasa el tiempo, frecuentemente contradictorio y a la postre muy reconocible.

Sin tratarse de un filme extraordinario, sí creo que estamos ante un producto muy notable y desde luego aconsejable, aunque solo sea porque aborda un asunto apenas tratado en la larga lista de películas sobre la guerra. Muy bien filmado, goza de una excelente fotografía, que fue reconocida recientemente con un premio en los galardones a los mejores filmes europeos.

Cine serio, seco, sin florituras, que tiene algo que contar y va directamente al grano, con escasas concesiones a la galería. Sorpresas para el espectador, apenas. Pero posiblemente sea algo buscado, porque la realidad suele ser así de dura.



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