No me jodas, por favor…

Esta primera obra del veterano actor y director Paco Ortega se ha estrenado el pasado fin de semana en el Teatro del Mercado con una buena acogida por parte del público.

Escena de la obra. / Foto: www.facebook.com/Teatro-del-Espejo

Francisco Javier Aguirre. Partiendo de una frase tópica en las conversaciones coloquiales, “No me jodas, por favor…”, Paco Ortega ha compuesto un mosaico de situaciones ordinarias en las que la relación entre las personas deriva en conflicto que se solventa con esa fórmula expresiva, que le sirve de título. Esta primera obra del veterano actor y director se ha estrenado el pasado fin de semana en el Teatro del Mercado con una buena acogida por parte del público.

Belén Mirabal, Isabel Rodríguez, Roberto Millán, e Iván Miguel, integrantes de la nueva compañía Teatro del Espejo, componen sucesivamente personajes, unas veces estereotipados y otras estrambóticos, que se van encontrando en situaciones conflictivas y desatan sus fobias con espíritu crítico o cómico. Muy atinada la dirección del propio Ortega.

La obra tiene como origen una reflexión del autor a partir de ‘Los importunos’ y de ‘El misántropo’ de Molière, donde el autor francés muestra su decepción respecto a las relaciones humanas. Los sucesivos cuadros escénicos se van desarrollando con gran agilidad, causando sorpresa por su carácter incisivo y por lo inesperado de las situaciones. Se trata de plasmar sobre el escenario la imprevisibilidad de lo que nos afecta y de denunciar aquellas circunstancias que se han convertido en crónicas irremediables.

Hay tiempo para el drama y para la comedia, siendo uno de los episodios más hilarantes la parodia que relata el encuentro entre Luis XIV, el ‘Rey Sol’, y la tonadillera Lola Flores, la ‘Faraona’. Otros episodios tienen más acidez, mayor carga visceral, un desatado espíritu crítico. Este retablo social, casi un caleidoscopio cromático, no evita las alusiones y derivaciones políticas, con mención concreta de personas y situaciones actuales.

La ambientación está bien lograda, con una escenografía sencilla pero eficaz. La música original de Gérard Maimone se adapta perfectamente a los episodios y les da relieve, lo mismo que la iluminación de Paco Sevilla.

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