La viuda tenaz

La película 'Marie Curie' aborda los problemas que tuvo la científica por su condición de extranjera y sobre todo por ser mujer.

Escena de ‘Marie Curie’.

Fernando Gracia. La importancia del personaje, una mujer que logró ser reconocida en dos ocasiones con el premio Nobel, el de física junto a su marido Pierre y el de química en solitario, aparece como el aliciente máximo a la hora de toma la decisión de acercarse al cine para ver esta “Marie Curie” que firma Marie Noëlle.

Hay muchas formas de abordar el género biográfico, desde las más solemnes y hagiográficas a aquellas que intentan presentar “al genio en zapatillas”. En esta ocasión la realizadora francesa, de la que vimos no hace mucho “La mujer del anarquista”, mezcla ambos extremos y le sale un filme de agradable visión, claramente irregular y en el fondo poco más que discreto.

Con una fotografía bastante acertada, una buena banda sonora y un reparto ajustado, el guion oscila entre los momentos conseguidos y otros que más parecen de relleno, con algún bache de ritmo a pesar de que la película no pasa de la hora y media.

Todo esto se compensa con el interés evidente que desprende la señora Curie, una polaca que triunfó en París, primero acompañando a su brillante esposo y luego en solitario tras la pronta muerte de este.

La película aborda los problemas que tuvo la científica por su condición de extranjera y sobre todo por ser mujer. La parte técnica está correctamente resuelta, sin llegar a abrumar a aquellos que no dominamos la materia y la parte privada transcurre sin excesiva inspiración, con aire algo académico, aunque de forma suficientemente entretenida y levemente didáctica.

Acercarse a la realidad de un personaje que tiene un lugar en el Olimpo de la fama no es tarea fácil. A veces el deseo de humanizarlo lleva a excesos como mínimo discutibles –aún no se me ha olvidado la risita de Mozart en la película de Forman, por poner un ejemplo-, pero en esta ocasión la directora se mantiene a un nivel razonable, pudiendose así ver una mujer bastante creíble, apoyado todo ello incluso por el aspecto físico de la actriz Karolina Gruzska, que se da un aire al original, amén de despachar una más que correcta actuación.

Para los viejos aficionados, apuntar que aparece Daniel Olbrychski, actor polaco tan relacionado con la carrera de Andrew Wajda, recuerdo ambos de un tiempo glorioso del cine polaco, un cine que nos llegaba de vez en cuando merced a aquel recordado cine de arte y ensayo, que nos alegró tantas tardes viendo cómo había otro cine por ahí fuera.

No pasará a la historia este acercamiento a la figura de la científica, pero en absoluto es una película a despreciar. Si se toma desde un prisma didáctico y se deja uno llevar sin pedir demasiado, puede valer. Si quieren ver una señora Curie con más glamur pueden intentar repescar la que en los años cuarenta interpretaron Greer Garson y Walter Pidgeon. Otra cosa…en todos los sentidos. Incluido, claro está, el recato a la hora de enseñar carne.

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