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La Escuela Municipal de Teatro ha mostrado su trabajo de fin de curso basado en las obras 'Celebración' y 'Montaplatos' de Harold Pinter.

Francisco Javier Aguirre. De nuevo un Premio Nobel de Literatura ha dado pie a la Escuela Municipal de Teatro para ofrecer el trabajo de fin de curso, esta vez de los de 3º, lo que significa al mismo tiempo el término de la carrera. Término, o principio, según se mire, porque los jóvenes actores y actrices tienen por delante un futuro complejo en el que tendrán que abrirse paso con sus mejores armas.

El autor elegido en esta ocasión ha sido Harold Pinter, y la dramaturgia que ha preparado Alicia Rabadán se basa en sus obras ‘Celebración’ y ‘Montaplatos’. El espectáculo se ha ofrecido los pasados días 13 y 14 de junio en el Teatro Principal.

La obra se desarrolla en tres planos, uno de ellos supuesto, y permite al espectador hacer traslados mentales entre situaciones y actitudes. Hay un plano inferior, simbolizando la opresión, uno intermedio, que primero tiene tres focos de atención para fundirse después en uno, y uno tercero, que simboliza el espacio exterior, el mundo libre, una especie de utopía y ucronía, tal vez una aspiración imposible, latente a lo largo de toda la trama.

Las tensiones en los dos niveles inferior y medio son constantes, con la diferencia de que en el primero hay una mayor violencia verbal y física, mientras que en el segundo predominan la hipocresía, los buenos modos impostados, la alegría ficticia, las apariencias y las conveniencias.

Según nos explica Alicia Rabadán, la directora de la obra, la puesta en escena nos acerca a una nueva forma de concebir la dramaturgia, basada en la crisis del teatro dramático, porque exige al público adivinar lo que está oculto y reconstruir en su imaginario las contradicciones de lo que ve.

Hay un continuo tránsito entre la realidad y la ficción, y una apuesta por el ejercicio actoral de dimensión variable que lleva a los protagonistas a convivir en un ambiente enrarecido donde su personalidad se distorsiona de continuo. El espectador asiste a estos desdoblamientos, que a veces se orientan a la mentira consciente y otras al fantaseo obsesivo.

En el segundo nivel, donde alternan los protagonismos con más fluidez y donde los elementos cómicos/cáusticos son más frecuentes, se palpa con mayor consistencia el trasfondo de amargura con que el autor pretende delatar el sinsentido de la vida que llevan sus personajes.

Los encarnan Manuel Buanaventura, Jacobo Castanera, Guillermo Ferrer, Silvia García Sierra, Joseán Mateos, Carlos Palacio, Laura Passarello, Marta Salvo, Claudia Sierra, Pilar Sierra y Marta Valdearcos, todos a un buen nivel, aunque a la última, en el papel de Gus, situada al fondo de la caja escénica, se le escuchaba a veces con dificultad en la sesión de estreno.

Ana Cózar y Pablo Lasala pusieron música en directo, y hubo un especial cuidado con la iluminación a cargo de Javier Anós.

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