Sobrevivir

Nola narra la evacuación de más de 300.000 militares desde las playas de Dunkerque por tierra, mar y aire, vista desde la perspectiva de los propios soldados.

Fernando Gracia. Se tiende a considerar la evacuación de más de 300.000 soldados desde las playas de Dunkerque como uno de los acontecimientos a la postre más determinantes para el desenlace de la II Guerra Mundial. No falta quien dice que de no haberse producido quizás Inglaterra se hubiera visto a capitular ante los alemanes.

No es la primera vez que este hecho se muestra en la gran pantalla. Hay una película con George Peppard de corte más convencional, el protagonista de la excelente “Expiación” termina en dichas playas y hace más de cincuenta años Jean Paul Belmondo era un francés que intentaba colarse entre los ingleses en la película de Henry Verneuil “Fin de semana en Dunkerque”, por citar algunas.

Ahora ha sido el exitoso y con frecuencia controvertido Christopher Nolan el que aborda esta hazaña, con carácter casi documental, alejado en esta ocasión de sus fantasías futuristas o sus alabados acercamientos a la figura de Batman. En su favor creo que hay que apuntar que desde su irrupción con “Memento” nunca ha dejado indiferente al personal, lo que suele ser siempre interesante para el negocio.

En esta ocasión aborda la empresa sin florituras narrativas, valiéndose de tres historias que acaban convergiendo, aunque una de ellas transcurra en una semana, la otra en un día y la última en una hora. Así se nos narra la aventura por tierra, mar y aire, vista desde la perspectiva de los soldados. Por esa razón apenas sabemos de ellos e incluso los diálogos son más bien escasos.

Un acierto, a mi modo de ver. Porque aquellos hombres están a lo que están, a salvarse de una situación harto complicada, ya que están rodeados de enemigos por tierra y solo se puede intentar salir por mar, eso sí amenazados por la aviación.

Se ha comentado el posible paralelismo con “Salvar al soldado Ryan”. Si se considera que ambas hablan de la misma contienda y que en las dos hay una misión compleja que cumplir, de acuerdo. Pero en la que ahora nos ocupa las historias personales y el melodrama ocupan menos el guion y en el fondo no puede ser considerada como una película de hazañas bélicas. Y las escenas son menos crudas, si hacemos abstracción de que la guerra siempre lo es.

Estimo que Nolan ha salido airoso de la empresa: informa de lo que allí ocurrió, consigue que el espectador se ponga en muchos momentos en la situación de aquellos hombres, y como quiera que no alarga innecesariamente el metraje el espectador sale suficientemente satisfecho, ya que técnicamente el filme es irreprochable y es cualquier cosa menos aburrido.

Si pasará a los anales del cine entre lo mejor del género, personalmente lo dudo. Hagan memoria y verán cómo les salen unas cuantas de mayor calado.

Para los papeles de dos jóvenes soldados ha utilizado con buen criterio un par de caras desconocidas, quizá de forma simbólica. Eso sí, para otros roles se ha rodeado de gente tan competente como Mark Rylance –cuyo papel simboliza a todos los patriotas británicos-, Tom Hardy, Cillian Murphy y Kenneth Branagh, con cuyo personaje rinde tributo a los marinos de la misma nacionalidad, con el plano más patriótico o patriotero –elija cada uno- de la cinta.
Una buena película, a mi modo de ver. No extraordinaria, como se ha leído por ahí, pero sí suficientemente lograda como para recomendarla sin problemas.



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