Último tren a Treblinka

La compañía Vaivén Producciones ha conseguido montar un espectáculo con un enfoque sumamente original.

Escena de ‘Último tren a Treblinka’.

Francisco Javier Aguirre. Son cientos y cientos los libros, los relatos, las películas, las piezas de teatro, los estudios históricos y todo tipo de manifestaciones culturales que tratan del Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial. De modo que resulta difícil plantear un nuevo enfoque de esta vergonzosa situación que afectó a millones de personas con la anuencia, desinterés o ignorancia culpable de muchos más.

Sin embargo, la compañía Vaivén Producciones ha conseguido montar un espectáculo con un enfoque sumamente original: no hay espectadores, sino que todos los presentes asisten atónitos al desarrollo de la acción y participan en ella como actores, aunque sean mudos.

El espectáculo se ofreció en Zaragoza el pasado 1 de octubre en el Teatro de las Esquinas en doble sesión, como uno de los finales del Festival Zaragoza Escena, ZGZ-2017, que ha venido desarrollándose en la ciudad durante la segunda quincena de septiembre.

Partiendo de una idea original de Ana Pimenta y Fernando Bernués, con texto de Patxo Tellería, bajo la dirección de Mireia Gabilondo, la situación llega hasta los espectadores con una inmediatez desconocida e insólita, por cuanto se encuentran en el teatro de operaciones, en el mismo escenario donde Alfonso Torregrosa, Maiken Beitia, Eneko Sagardoy, Gorka Martín, Jon Casamayor, Kepa Errasti, Mikel Laskurain, Nerea Elizalde y Tania Fornieles interpretan sus papeles circulando por el espacio escénico convertido en la sala multiusos de un orfanato polaco establecido en el gueto de Varsovia.

El doctor el doctor Janusz Korczak ha pasado a la historia como uno de los héroes inicialmente anónimos que enfrentaron la tragedia intentando hacer el bien a sus congéneres, particularmente a los 200 niños acogidos en el orfanato. ‘Último tren a Treblinka’ es un homenaje a esas víctimas y a los que se esforzaron en defender los derechos pisoteados de los niños pobres. Se aplica aquí a la perfección el dicho de que la mayor parte de los pobres del mundo son niños y la mayor parte de los niños son pobres, lo cual es un mensaje de profundo alcance que desborda las salas de un teatro.

Una interpretación convincente por parte de los adultos, y meritoria por parte de los jóvenes actores, convierte a este ejercicio dramático en un aldabonazo en la conciencia de nuestra sociedad. Existen aún muchos orfanatos que no sufren hoy la presión nazi, pero sí otras de lamentable presencia.

 

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