Vangelo

En una sucesión de electrizantes escenas van apareciendo las piezas de un puzzle que el espectador debe ir componiendo e interpretando.

Francisco Javier Aguirre. El último espectáculo, cronológicamente hablando, del magnífico festival Zaragoza Escena 2017 ha sido la propuesta multinacional encabezada por Pippo Delbono y titulada ‘Vangelo’. El Teatro Principal ha resultado un marco ideal para esta mágica composición en la que se conjuntan los diversos enfoques del mundo escénico, la ópera, la danza, la comedia, la parodia, el esperpento, los juegos malabares, cierto espíritu circense y una evidente intención iconoclasta por parte del autor y director, que mueve los hilos con absoluta maestría para conseguir un espectáculo de sobrecogedora grandeza, tanto por lo que se ve como por lo que se oye y se deduce a partir de los elementos aportados.

Esta obra coral, que tiene un trasunto de denuncia por la reciente historia de los Balcanes y contempla una matizada crítica a los planteamientos religiosos tradicionales, nace de la voluntad de Pippo Delbono de ofrecer a su anciana madre, de hondos sentimientos religiosos, una versión personal del Evangelio, respondiendo a ese intento el escueto título de la producción.

En una sucesión de electrizantes escenas, desde la presencia hierática inicial de los actores sentados frente al público hasta la festiva despedida, van apareciendo las piezas de un puzzle que el espectador debe ir componiendo e interpretando. Se le pide un esfuerzo ante la balanza de sensaciones que se apoderan de la vista y el oído, unas veces grandiosas, otras minimalistas, evidentes unas, sugeridas o crípticas otras.

Los continuos desplazamientos del director por el escenario y por el patio de butacas, intentando hilar todos los filamentos de la tela de araña que compone el tejido intelectual y sensorial del proyecto, es uno de los ingredientes de mayor interés. El cabeza de serie creativo no está entre bambalinas, sino presente minuto a minuto, metro a metro, episodio a episodio en cada una de las alternativas escénicas que discurren ante el sorprendido espectador. Hay momentos de especial intensidad, como la presencia física de un refugiado afgano que cuenta su tragedia.

Hay luces, hay sombras, y entre ellas, remarcada por Pippo Delbono, estuvo la floja asistencia de público al espectáculo que en sesión única se ofreció el domingo 1 de octubre por la noche. El propio creador y director aludió como explicación a la compleja jornada que se había vivido en España, cuyas consecuencias daba por no finalizadas. Tal vez, a pesar de las dificultades y el cierre de la programación, convendría volver a plantear la misma puesta en escena en momentos de mayor sosiego social.



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