Segixetina, el poder del miedo

Esta reinterpretación de ‘La vida es sueño’ es la excusa para hablar del poder y de las armas de las que se vale para doblegar a sus súbditos.

Francisco Javier Aguirre. Concluyó el ciclo Mujeres a Escena que se ha desarrollado durante cuatro miércoles consecutivos en el Teatro de las Esquinas. Una iniciativa valiosa que da protagonismo a la mujer en las diferentes fases del proceso creativo: autoras, directoras, escenógrafas, intérpretes…

El último espectáculo, ofrecido el miércoles 16, ha sido ‘Segixetina, el poder del miedo’, presentado por el laboratorio teatral Moderna Baturra con versión y dirección de Leonora Lax. Se trata de una reinterpretación de ‘La vida es sueño’, de Calderón de la Barca, en un montaje que cuenta con Rosaura instalada en la actualidad, a cargo de la propia Leonora, Lorena Sánchez que personifica a Segismundo, el príncipe heredero de Polonia, las voces en off de Mariano Anós, Josep Albert y Kevin de la Rosa, que complementan el desarrollo de la trama, y un programa audiovisual de gran formato que envuelve toda la representación, con un inicio y un final marcados por el intenso vendaval sonoro que invade el escenario.

Rosaura recuerda cómo llegó a Polonia, su encuentro con Segismundo, su aparente transformación y sus intentos de conquistar el trono. Dominada por la furia y la ansiedad, va descubriendo los paralelismos entre la historia del príncipe encerrado y su propia historia bajo el dominio de los poderes familiares y del Estado. Los dos personajes sufren las consecuencias del miedo de los demás y de sus estrategias para sobrevivir aferrándose al concepto de autoridad.

El drama de Calderón es la excusa para hablar del poder y de las armas de las que se vale para doblegar a sus súbditos. Nadie es inmune al reclamo del poder, nadie es incorruptible, nadie es capaz de abstraerse de la imagen que la sociedad fabrica de uno mismo. ¿Existe el libre albedrío? ¿Podemos deshacernos de la servidumbre que genera el miedo? Los dos personajes luchan contra su propia condición y contra el poder establecido, pero acaban sometidos y esclavizados por las exigencias del triunfo y sus servidumbres.

Una versión impactante del texto clásico, unas interpretaciones intensas y viscerales, un montaje suntuoso dentro de la sencillez y una ambientación sugerente fueron los ingredientes de una obra de largo alcance. Al final hubo un coloquio entre Leonora Lax y el público que enriqueció la comprensión de la pieza dramática.

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