Poirot y el equilibrio

La retorcida trama inventada en 1934 por la escritora sirve para entretenerse, siempre y cuando uno se trague todas y cada una de sus ida y venidas.

Fernando Gracia. Es habitual que el cine vuelva una y otra vez a historias ya narradas. Nuevos públicos, ausencia de ideas, ir a lo seguro, tómese lo que se quiera.

Una de las novelas más populares de la prolífica Agatha Christie es sin duda “Asesinato en el Orient Express”. En 1974 el eficaz Sidney Lumet obtuvo un apreciable éxito con su adaptación a la gran pantalla, consiguiendo incluso un Óscar como secundaria a la gran Ingrid Bergman.

Ahora se hace cargo del proyecto Kenneth Branagh, que no solo dirige sino que interpreta el personaje central, el inefable detective Hércules Poirot. Curiosa la carrera del británico, capaz de oscilar entre Shakespeare y Thor o Jack Ryan, con parada en Harry Potter, sin descomponer la figura.

En esta ocasión pienso que ha salido más airoso en su faceta de actor que en la de director. Su aportación en esta última se limita a incluir unos cuantos planos picados por aquello de evitar la monotonía y en algún travelling bastante vistoso. Por lo demás, se limita a sacar adelante un proyecto que en muchos momentos de su visión me ha parecido simplemente innecesario.

Encarnando al detective belga se le ve más a gusto. Aunque para quien suscribe el Poirot perfecto siempre será Peter Ustinov –ojo, no soy lector habitual de la Christie-, reconozco que me ha complacido su composición del personaje, adobada por un mostacho de lo más propio.

El problema de esta nueva adaptación es que no sé si va a gustar gran cosa a los aficionados a la escritora inglesa. En primer lugar porque evidentemente saben cuál es el desenlace y en segundo porque cinematográficamente la cosa no llega demasiado lejos y desde luego apenas añade nada a la lograda versión de Lumet. Y si me apuran se puede suprimir lo de apenas.

Evidentemente la película es distraída, faltaría más. La retorcida trama inventada en 1934 por la escritora sirve para entretenerse, siempre y cuando uno se trague todas y cada una de sus ida y venidas. E incluso alcanza nivel en su ingeniosa resolución, suficientemente realzada en el guion, aunque la distribución de los personajes alrededor de una más que improbable mesa en la boca de un túnel rodeados de nieve resulte harto traída por los pelos.

Funciona bastante bien la presencia del personaje del detective Poirot, con su manía por la perfección y el equilibrio en las cosas. Quizá los productores de la película han pensado que puede retomarse el personaje en una próxima aventura si la taquilla de esta de ahora funciona. Sería, lógicamente, “Muerte en el Nilo”, como bien palmariamente se insinúa en una frase final.

Como es preceptivo en una trama con varios personajes todos sospechosos, alrededor de un hecho criminal, han contratado a varios actores de renombre. No creo que les haya resultado nada complicado sacar adelante su trabajo ni que este vaya a ser un jalón a recordar en sus carreras. Y esto vale para Judi Dench, nuestra Penélope, Willem Dafoe, Derek Jacobi –recuerden, el de “Yo, Claudio” o Johnny Deep, esta vez descansando de sus piratas.

En resumidas cuentas, que el resultado final no me ha parecido que justificara la revisión del asunto. Estamos, claramente, ante una intentona comercial por otra parte comprensible y nada reprobable que puede valer para pasar el rato pero que añade apenas nada al mundo de Agatha y menos aún al del cine.

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