La ternura

La historia narra la aventura que emprenden tres mujeres de la nobleza hispana tratando de escapar del contacto con los varones y aprovechando el hundimiento de la Armada Invencible, en la que viajan hacia Inglaterra, para instalarse en una isla que creen desierta.

Francisco Javier Aguirre. Una coproducción entre las compañías Teatro de la Ciudad y Teatro de la Abadía, presentó el pasado fin de semana ‘La Ternura’, de Alfredo Sanzol, una comedia de aromas shakesperianos, en el Teatro Principal. Bajo la dirección del propio autor, Paco Déniz, Elena González, Natalia Hernández, Javier Lara, Juan Antonio Lumbreras y Eva Trancón interpretaron a unos personajes singulares, pero representativos de la época.

La historia narra la aventura que emprenden tres mujeres de la nobleza hispana tratando de escapar del contacto con los varones y aprovechando el hundimiento de la Armada Invencible, en la que viajan hacia Inglaterra, para instalarse en una isla que creen desierta. De esa forma van a conseguir huir de los hombres con los que han tenido hasta entonces malas experiencias.

En el islote residen, desafortunadamente para ellas, un padre y dos hijos que tiempo atrás decidieron también aislarse con el mismo objetivo: escapar de la influencia femenina y de las complicaciones de la convivencia en pareja.

En el inevitable encuentro entre los dos tríos, van a producirse todo tipo de situaciones ambiguas, cómicas, paradójicas y festivas, demostrando la inevitable atracción entre los sexos que desemboca en la fuga por parejas de aquel enclave perdido en medio del mar.

La obra provocará frecuente hilaridad, pero también hay tiempo para la reflexión, para el análisis de la naturaleza humana y para la puesta en cuestión de la influencia que los padres ejercen sobre los hijos, basada en muchas ocasiones en una aplicación equivocada de la filosofía del dominio. Es por lo tanto, una obra de moraleja, con intención pedagógica.

La dramaturgia es original, aunque sencilla, permitiendo el desarrollo de los sucesivos equívocos de la trama. Hay una música de acento cinematográfico original de Fernando Velázquez que ilustra los sucesivos episodios. Actuaciones correctas y compensadas, destacando la del leñador marrón, padre de los dos hermanos recluidos en la isla, a cargo de Juan Antonio Lumbreras. El mensaje global sitúa a la ternura como la vía de solución de los conflictos interpersonales. El título de la obra es explícito al respecto.

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