Un balcón con vistas

Esther Rivas, David Tortosa, Cristina Soria y Rubén Martínez ponen en escena esta comedia escrita y dirigida por Laura Molpeceres.

Escena de ‘Un balcón con vistas’. / Foto: Twitter Teatro de las Esquinas.

Francisco Javier Aguirre. El pasado domingo, día 14, en el Teatro de las Esquinas, se despidió de los escenarios ‘Un balcón con vistas’ comedia escrita y dirigida por Laura Molpeceres e interpretada por Esther Rivas, David Tortosa, Cristina Soria y Rubén Martínez, tras más de cuatro años en cartel, tanto en Madrid como en numerosas ciudades españolas.

Se trata de un texto muy moderno, alegre, eléctrico, chispeante, a ratos subversivo y a menudo provocativo, que arranca de un anuncio publicitario redactado en estos términos: “Se busca chico de unos 30 años para compartir piso. Imprescindible ser simpático y atractivo, el resto abstenerse. Enviar fotos y datos de contacto”.

A partir de este brioso anzuelo, se desarrolla una comedia divertida y eficaz que presenta a cuatro personajes, dos mujeres y dos hombres, que van redefiniéndose a medida que avanza la acción. Luna (Cristina Soria) y Abel (David Tortosa) acaban de dejar su relación, pero no se olvidan; Diego (Rubén Martínez) y Cristina (Esther Rivas) acaban de encontrarse y ella le propone un matrimonio inmediato, porque dice haber descubierto una coincidencia extrema en su respectivo ADN marital.


La acción avanza de enredo en enredo: cada personaje va cambiando de rol en un juego libre que acaba por mostrarles la verdad sobre sí mismos. El texto explora las relaciones de pareja y las difusas fronteras entre el amor y el desamor, desmontándose los tópicos sobre la comunicación entre hombres y mujeres. La verdad se trata de ocultar en todo momento por parte de los protagonistas y, sin embargo, siempre permanece visible. Se establece una lucha constante por entender al otro y encontrar la mejor versión de uno mismo a través de situaciones que divierten y conmueven al mismo tiempo.

La pieza se acomoda aparentemente a los esquemas de la comedia romántica, pero acaba superándolos a través de la multiplicación de giros: cada personaje es de determinada forma en un momento y juega a ser de otra a continuación. Con esta estrategia se mantiene tanto el ritmo narrativo como el interés escénico. El desenlace, sin embargo, queda un tanto frío y convencional.

Esta despedida de la compañía tuvo un epílogo nostálgico tras concluir la representación, al recordar por parte de la directora la ausencia de uno de los componentes del elenco recientemente fallecido, y al intervenir también el zaragozano Rubén Martínez aludiendo a sus recuerdos juveniles en la ciudad, agradeciendo a sus padres, presentes en la sala, la ayuda para que se convirtiera en el destacado actor que hoy es.

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