El criticón

La versión realizada por José Luis Esteban de la obra de Baltasar Gracián ha conseguido desgranar y resumir en hora y media la visión filosófica del mundo que elabora el escritor en su pieza.

‘El criticón’. / Foto: Teatro del Temple.

Francisco Javier Aguirre. El pasado 9 enero, el profesor Jorge Ayala ofreció en la biblioteca de Aragón una interesante conferencia titulada ‘Baltasar Gracián: Estilo, vida y reflexión’. Entre otros temas, se habló de su libro ‘El criticón’, y alguien anunció que en breve se presentaría una obra de teatro basada en la historia que cuenta Gracián, recalcando la dificultad del empeño. Añadió que la estaba preparando una cotizada compañía aragonesa, el Teatro del Temple, para el mes siguiente. Así ha sido. Con exquisita puntualidad, el pasado 1 de febrero se estrenó en el Teatro Principal.

La versión realizada por José Luis Esteban tiene un enorme mérito porque ha conseguido desgranar y resumir en hora y media la visión filosófica del mundo que elabora Gracián en su obra bajo la forma de una gran epopeya moral. A través de un meritorio malabarismo compositivo se mantienen la invención y el didactismo, la erudición y el estilo literario del autor, el desengaño filosófico y la sátira social que salpica toda la acción.

Es conocido el eje de la trama: los náufragos Critilo y Andrenio se han encontrado en una isla, donde el segundo fue criado por un animal y ha vivido al margen de la civilización hasta la llegada de Critilo, hombre instruido que le enseña a hablar. Son rescatados por una nave y comienzan una larga peregrinación alegórica en busca de la presunta madre de Andrenio, al mismo tiempo que a Felisinda, la desaparecida esposa de Critilo, y a la vez madre de Andrenio, para al final de su vida alcanzar la Isla de la Inmortalidad. La acción dramática de ‘El Criticón’ transcurre en el interior de una misteriosa Embajada Occidental y cuenta lo que sucede con la llegada a la misma de Andrenio y Critilo. Lo que en principio es una acogida amistosa va enredándose en un laberinto de apariencias, falsas verdades, conciencias culpables y crímenes sin castigo que poco a poco desvelan el verdadero carácter de los miembros de la Embajada.


El reto afrontado por José Luis Esteban a la hora de la versión, surge de una premisa: la época en la que transcurre la acción no es demasiado distinta de la nuestra, por lo que es oportuno aplicar las mismas fórmulas de análisis de la realidad. A partir de estos planteamientos, bajo la dirección de Carlos Martín –que al mismo tiempo desempeña el personaje de Argos, aunque en el programa de mano escamotee su nombre bajo el seudónimo de Charles Bad– los personajes desarrollan una composición espectacular en cuanto interpretación, encarnando el propio José Luis Esteban al reflexivo Critilo y Alfonso Palomares al explosivo Andrenio. Todo el elenco funciona con enorme conjunción, en un derroche de comicidad combinada con la ironía y el sarcasmo. Félix Martín, Francisco Fraguas, Minerva Arbués, Encarni Corrales y Gonzalo Alonso consiguen desarrollar los diferentes planos de la obra, apoyados en una escenografía muy bien diseñada por Tomás Ruata, aderezada por las oportunas melodías de Gonzalo Alonso, con la coordinación técnica de Alfonso Plou y la producción de María López Insausti.

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