Las cuatro estaciones

El Teatro Che y Moche ha presentado una versión dinámica y divertida de las ‘Cuatro estaciones’ de Vivaldi bajo la dirección de Joaquín Murillo y Marián Pueo.

Francisco Javier Aguirre. El Teatro Principal ha vuelto a acoger a otra de las compañías estables más cualificadas de la ciudad. Se aplaude esta política de apoyo al sector. Si la semana pasada fue el Teatro del Temple, con su vigorosa puesta en escena de ‘El Criticón’, de Baltasar Gracián, esta ha sido el Teatro Che y Moche el que ha presentado una versión dinámica y divertida de las ‘Cuatro estaciones’ de Vivaldi.

¿No es música, y de la clásica? Sí, pero los artistas tienen la capacidad de asimilar obras consagradas y transformarlas en nuevas y atractivas realidades. Además, la famosa composición vivaldiana tiene también su prosa, su relato, y a él han atendido en parte los Che y Moche para componer su gozosa comedia.

Bajo la dirección de Joaquín Murillo y Marián Pueo han desarrollado un espectáculo ágil, ameno y sugerente, que también contiene un trasfondo de llamada de atención sobre el cambio climático. Espectáculo para todos los públicos, bajo la dirección musical de Teresa Polyvka, que lleva el protagonismo melódico con su violín, acompañada por los músicos-actores Fernando Lleida, Fran Gazol, Eva Trullén, Kike Lera y Rubén Mompeón, formando todos una troupe que sigue el discurso musical de Vivaldi.


Un elemento muy importante es el videográfico a cargo de Pedro Santero y Víctor Izquierdo. La trama argumental incorpora un servicio de Food Truck instalado en una caravana que sirve como recurso para diversos episodios cómicos vinculados a la alimentación, según las estaciones del año.

El descenso de la troupe al patio de butacas para compartir con los espectadores los resultados de la cosecha vinícola, es uno de los episodios más jugosos de toda la obra. Jugosos y jocosos, con Murillo explotando su vis cómica en un alarde de recursos interpretativos y gestuales. No hay texto en la obra, salvo monosílabos y sonidos guturales, pero queda plenamente sustituido por la mímica y la música, que transmiten belleza y diversión al mismo tiempo.



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