Calígula

Bajo la dirección de Mario Gas y con Pablo Derqui en el papel protagonista, la obra es un exhaustivo recorrido en torno a la reflexión sobre la existencia.

Francisco Javier Aguirre. ‘Calígula’ fue la primera obra de teatro de Albert Camus. Se estrenó en 1945 y tuvo su versión definitiva en 1957. Durante el pasado fin de semana se ha ofrecido en el Teatro Principal con traducción de Borja Sitjà, bajo la dirección de Mario Gas, con Pablo Derqui en el papel protagonista. Una extraordinaria producción del Teatre Romea, del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y del Festival Grec 2017 de Barcelona, con escenografía de Paco Azorín, iluminación de Quico Gutiérrez y espacio sonoro de Orestes Gas.

No es una crónica histórica, sino un exhaustivo recorrido en torno a la reflexión sobre la existencia. El propio Camus sugirió en sus acotaciones que no aparecieran togas romanas y que la obra se pudiera representar bajo cualquier contexto histórico. La trama se aparta de los hechos reales para establecer el arquetipo de una actitud existencial, absurda y retorcida, extremando el significado de la paranoia.

El drama arranca con un Calígula desaparecido a quien toda la corte anda buscando. Sospechan que su ausencia se debe a la muerte de su hermana Drusila, a quien amaba profundamente y con quien mantenía relaciones incestuosas. Cuando regresa al palacio, no parece la misma persona. El que había sido un gobernante eficaz, aunque manejable por su corte de consejeros, parece haber perdido la cordura o, como él asegura, haberla encontrado.


La temática del poder preside toda la obra, que no ha perdido en absoluto su vigencia porque trata temas atemporales. La corte de aduladores que en un principio temía por su vida, comienza a padecer las decisiones que Calígula adopta, con la única complicidad de su sirviente Helicón y de su esposa Cesonia, quienes se prestan a seguir el juego de la lógica absurda que impregna sus decisiones. El joven inocente, dócil y bueno al que todos amaban se ha convertido en un tirano que, consciente de su poder, trata de conseguir lo imposible, que aparece perfectamente simbolizado cuando encarga a Helicón que le consiga la Luna.

“El poder brinda una oportunidad a lo imposible. A partir de hoy y en lo sucesivo, mi libertad dejará de tener límites”, afirma el protagonista. Así se suceden una serie de intrigas, intentos de entendimiento con sus consejeros, amenazas, juegos, sarcasmos y caricaturas hasta llegar al final trágico de su ajetreada vida, que acaba por la conjura de los patricios, liderados por Quereas.

Pablo Derqui, dotado de gran versatilidad y potencia interpretativa, borda su papel, y es secundado por un extraordinario elenco en el que destacan Borja Espinosa, como Quereas, Mónica López, como Cesonia, y Xavier Ripoll, como Helicón. Los demás, Bernat Quintana, Pep Ferrer, Pep Molina, Anabel Moreno y Ricardo Moya completan una extraordinaria versión de una pieza memorable.

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