‘Esto no es La casa de Bernarda Alba’

Todo funciona admirablemente, desde el prólogo en el proscenio, con los actores desfilando enmascarados y arlequinados en solitario o en pareja.

‘Esto no es la casa de Bernarda Alba’.

Francisco Javier Aguirre. Tras su recorrido por los escenarios madrileños, llegó al Teatro Principal el pasado fin de semana este original montaje inspirado en la conocidísima obra de Federico García Lorca. En versión de José Manuel Mora y con la dirección de Carlota Ferrer, que también forma parte aquí –no en Madrid– del elenco interpretativo, su principal novedad es la sustitución de buena parte de los personajes femeninos por hombres. No es la primera vez que ocurre. Ya en 1976, el personaje de Bernarda Alba fue interpretado por Ismael Merlo en una versión estrenada en Madrid.

Aunque quizá lo más relevante sea el nuevo enfoque que ha dado al drama el tandem Mora-Ferrer, incluyendo en la representación ciertos ingredientes acordes con las nuevas dimensiones del teatro. Danza, mimo, música, acrobacia, realismo y elementos oníricos componen un paso adelante dentro de los significados que el autor pudo prever para su obra.

Todo funciona admirablemente, desde el prólogo en el proscenio, con los actores desfilando enmascarados y arlequinados en solitario o en pareja. Telón arriba, la presencia amenazadora de los perros, anuncia la tragedia.
La obra de Lorca en sí se deconstruye y se reconstruye en situaciones alternativas, respetando la esencia y jugando con el accidente. Se trata de una versión contemporánea y transgresora, en la que se mezclan el teatro, la música, el vídeo y la danza. La fusión de todos estos elementos da como resultado una original puesta en escena en la que el espíritu de Lorca permanece intacto.


Esther Ortega, Cristóbal Suárez, Eusebio Poncela, Óscar de la Fuente, David Luque, Guillermo Weickert, Arturo Parrilla y Diego Garrido, además de la directora, hacen creíble la trama y la extrapolan desde sus protagonismos ambivalentes. La escenografía, el sugerente vestuario, la iluminación y el sonido ponen en órbita al espectador, que sin embargo queda perplejo cuando el final se convierte en una proclama feminista al uso.

¿No es suficientemente expresivo el texto de Lorca al respecto? ¿No hay en él una denuncia de gran calibre sobre el abuso masculino y el poder femenino masculinizado en el personaje de Bernarda Alba? Tal vez sobraba el epílogo panfletario.



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