Paisaje agreste

'Sweet country', inspirada en hechos al parecer ciertos, se sitúa en las inmensidades del continente australiano, en un ambiente con claro aroma de western.

Fernando Gracia. Cuando vi en el último festival de cine de Valladolid “Sweet country” no pensé que la película acabara llegando a nuestras pantallas. Australiana, con aire de cine antiguo, sin nombres de relumbrón aunque algunos de sus actores sí son conocidos por la afición…

Pero la película había ganado el premio especial del jurado en Venecia y eso ya le daba una aureola de prestigio, lo que seguramente ha acabado pesando para que felizmente llegue a nuestra ciudad.

Y es que nos encontramos ante un más que notable producto cinematográfico que exhibe a mi modo de ver como su mayor virtud un cierto aroma de cine clásico, de cine de toda la vida, que lo hace sumamente atractivo para el aficionado.


Inspirado en hechos al parecer ciertos, ocurridos en la década de los veinte del siglo pasado, la acción se sitúa en las inmensidades del continente australiano, en un ambiente con claro aroma de western. Un hombre mayor, de raza aborigen, mata en defensa propia a un blanco y se ve obligado a huir. El guion, un tanto irregular a veces, describe esa huida y la tenaz persecución por parte de un celoso servidor de la ley interpretado por Bryan Brown –recuérdenle en aquellas películas de FX efectos mortales-.

El paisaje, la inmensidad y dureza de aquellas tierras, se convierten en un protagonista más de la historia, que en todo momento tiene un aire clásico de lo más agradable. No es una película cómoda de ver en algunos momentos, incluso puede parecer algo morosa, pero en líneas generales deja un poso a buen cine, o al menos así me lo pareció aquella tarde otoñal en la ciudad vallisoletana.

Incluso se pueden advertir paralelismos en esa persecución, salvando todas las distancias que se quieran, con el que Javert hace sobre Jean Valjean en la inmortal obra de Victor Hugo “Los miserables”. Es una opinión personal, no se asusten los puristas.

Con una banda sonora ad hoc y una soberbia fotografía, sacándole un gran partido a las inmensidades australianas, el producto final del debutante Warwick Thornton se puede calificar de notable. No sobresaliente, que algún reparo para ello se le puede poner, pero más que suficiente como para destacarlo dentro de una semana de estrenos francamente interesante, lo que es de agradecer.

Junto al aborigen Hamilton Morris, cuyo aspecto ya le vale para convencernos, podemos ver a uno de los actores australianos más famosos, San Neill, en una de las mejores interpretaciones de su carrera a mi modo de ver.

Si les gustan los westerns, si les gusta el cine con cierto aliento épico, los grandes espacios y la sensación de ver sólido con aroma, no se la pierdan.

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