Paternidad

'Lola Pater', protagonizada por Fanny Ardant, no es un filme redondo, ni siquiera notable, pero sí digno y aceptable.

Fernando Gracia. En una semana no demasiado ilusionante en cuanto a estrenos me decido ver en primer lugar “Lola Pater”, sobre todo por la presencia al frente del reparto de Fanny Ardant, la que fuera última pareja de Truffaut, aunque no por esta razón, claro, sino porque siempre me ha parecido una mujer de poderosa presencia y mirada magnética.

Y no me he equivocado demasiado: media película es ella. Como cualquier mediano aficionado sabe de antemano, interpreta a un señor que se cambió de sexo y ahora es una deslumbrante dama, ante quien se presenta un hijo que tuvo en su matrimonio, que desconoce tal circunstancia. De hecho, siempre creyó que su padre se marchó “a por tabaco”, como su recién fallecida madre le contó.

Una vez planteada la historia, esta se mueve por terrenos más o menos previsibles aunque el no estirar innecesariamente la trama hace que su visión se haga bastante llevadera. Conocida es la habilidad del cine francés para sacar adelante películas pequeñas simplemente desarrollando una sola idea, aunque esta no sea de gran calado.

El director, Nadir Moknèche, parisino de origen argelino, de quien por estos lares solo se le conocía “El harén de Mme. Osmane”, despacha un trabajo muy francés aunque esté salpicado de referencias al país de origen familiar. Es consciente de la fuerza interpretativa de la Ardant, a la que ha brindado un personaje bombón de una edad claramente inferior a la que la actriz tiene, que ella solventa con oficio amparada en esa sonrisa perenne y esa voz –hay que verla en v.o. para constatarlo- que la sustenta.

En favor de la película cabe decir que nunca entra en terrenos escabrosos y que su mensaje final –y perdonen la expresión, que esto del “mensaje” suena al siglo pasado- es claramente positivo.

No estamos ante un filme redondo ni siquiera notable, pero sí digno y aceptable. Sus leves tramas accesorias no aportan gran cosa al tema central, pero en el fondo nada acaba siendo molesto y más si uno no se acerca a la sala con excesivas expectativas, algo que quien suscribe recomienda no solo para esta película sino para la mayoría. Se evitan disgustos.

El joven Tewfik Jallab, a quien no conocía aunque leo que lleva unas cuantas películas en Francia, también francés de origen magrebí, no desmerece en absoluto al lado de una gran estrella como la Ardant.

Lo dicho: no es una mala elección dentro de las propuestas veraniegas.



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