Minuto de silencio

“La revolución silenciosa”, del director Lars Kraume, supone uno de los títulos más interesantes vistos en lo que va de verano.

Escena de ‘La revolución silenciosa’.

Fernando Gracia. Con frecuencia, cuando se anuncia al comienzo de una película que está basada en hechos reales, me pongo a temblar. Tengo la impresión de que es una especie de coartada para que nos traguemos todo lo que ahí se cuenta. “Como ocurrió en realidad…”, tiende uno a pensar.

Pero no ha ocurrido así con la película alemana “La revolución silenciosa”, que dice estar basada en el texto que escribió uno de los muchachos que allá por 1956 participaron en un minuto de silencio simbólico con el que recordar lo que en aquellos momentos ocurría en Hungría, cuando los tanques soviéticos acabaron con un intento de liberación del yugo soviético.

El problema para esos muchachos era que ellos vivían en la República Democrática Alemana. O sea, vivían oficialmente en un paraíso donde, eso sí, no sentaban nada bien ese tipo de disidencias aunque fueran meramente simbólicas. Un país que cinco años después levantaría un ominoso muro no para que entraran sino para que no se fueran. Al revés que ahora se anuncia por otras tierras.

El guion, bien llevado adelante por el director Lars Kraume –de él se estrenó por aquí “El caso Fritz Bauer”- nos introduce rápidamente en el meollo de la trama y nos atrapa hasta el final, aunque pienso que la primera mitad de la película funciona mejor que la segunda. Lo que se cuenta interesa porque nos hace pensar y opinar y si uno ya tiene sus añitos y ha vivido en un régimen autoritario como quien suscribe, aún más.

Aunque se trata de un grupo de alumnos de secundaria la trama se centra sobre todo en las figuras de tres muchachos y una muchacha con sus respectivas circunstancias familiares, que vienen a ser un resumen de las características de la sociedad de aquel país en aquellos convulsos años.

Creo apreciar que el director intenta ser lo más neutral posible, aunque no faltarán los espectadores que opinen lo contrario y crean advertir una u otra tendencia, seguramente impulsados por la suya propia. Y cabe la posibilidad que incluso moleste a muchos, tanto de un lado como del otro del espectro político, lo que me lleva a pensar que posiblemente el director haya dado en el clavo.

Personalmente debo decir que la película me ha atrapado desde el primer momento y aunque opino que podía haber sido más redonda si a veces hubiera sido más sutil y no tan evidente, el producto final funciona de forma más que suficiente y supone uno de los títulos más interesantes vistos en lo que va de verano.

El joven elenco, con caras totalmente novedosas para nosotros, está francamente bien. La ambientación es correcta sin alardes y la impresión final es positiva. Analizándola a posteriori se le pueden poner algunas objeciones, pero mi opinión no baja del notable.

No se arrepentirán, si le dan una oportunidad.



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