Pícaros a bordo

Daniel Monzón aborda con “Yucatán” una comedia en la que unos cuantos estafadores intentando levantarle la pasta a un señor mayor al que le ha tocado el Euromillón.

Escena de ‘Yucatán’.

Fernando Gracia. Daniel Monzón, tras años ejerciendo la crítica cinematográfica, emprendió una carrera como director con el lógico temor al qué dirían sus colegas de profesión. Así se lo oí decir en persona cuando hace años se acercó a nuestra ciudad a presentar “El corazón del guerrero”.

En sus últimos trabajos tocó la gloria –bueno, lo que por estos lares se aproxima a la expresión, que tampoco es tanto- con “El niño” y sobre todo con “Celda 211”. Un puñado de goyas para esta última y la consagración como figura actoral de Luis Tosar parecían ser un momento culminante en su carrera como realizador.

Con buen criterio ha querido dar un giro a su carrera para que no le digan que se encasilla y ahora aborda una comedia con “Yucatán”. Primer problema: una campaña iniciada con mucha antelación hace pensar a mucha gente que se va a partir de la risa, y luego se encuentra con que no es así.

¿Es que acaso no es una comedia? No es eso, lo es, pero no de estar riéndose constantemente. De hecho las únicas risas se arrancan con uno de los gags más viejos del mundo, escatológico por más señas y que no suele fallar aunque de sutil no tenga nada.

A mi modo de ver la película es una comedia sobre la picaresca, algo del que el cine español tiene abundante obra. Echándole imaginación al final de su proyección la comparé con títulos como “Los pedigüeños” o la mítica “Los tramposos”, solo que con números musicales y mucha más pasta en la producción.

La trama no está mal pensada: unos cuantos estafadores intentando levantarle la pasta a un señor mayor al que le ha tocado el euromillón. El buen hombre les ha pagado un crucero de lujo a sus hijas y a los maridos de dos de ellas. Uno de ellos lo encarna nuestro Jorge Asín, que cumple sobradamente con la tarea y está a la altura de tantos secundarios cómicos que en la historia de nuestro cine han sido.

Lo que me temo es que al ver el personal los anuncios de la película con claro protagonismo de nuestro “oregonés” piensan que van a ver algo así como algunos de sus trabajos televisivos pero a lo grande. Y no es así, más bien podríamos decir que es una comedia fina de estafas mezclada con otros géneros, entre ellos el romántico.

El producto final me ha parecido desigual pero entretenido. La película va a más y salva por sus giros finales algunos momentos de decaimiento en el primer tercio. Los números musicales son vistosos pero tampoco pasarán a la historia del cine musical, la muchacha protagonista, la peruana Stephanie Cayo, es una preciosidad y hasta canta Luis Tosar. No se extrañen, el gallego era el líder de una banda rockera de su tierra, creo recordar. Y en Zaragoza le pudimos ver hace unos años cantando en la obra de Kurt Veil sobre los cuatro cuartos, que cada uno traduce como quiere.

Avisados quedan: estamos ante un aceptable y casi siempre entretenido divertimento, menos sofisticado y en el fondo mejor que muchos de esos Oceans que han llegado estos años, que se sigue con una sonrisa. No esperaba quien suscribe mucho más. Bueno, sí, esperaba que el bueno de Jorge Asín saliera airoso y sale. Y con nota.
Quien se lleva el gato al agua es el actor catalán Joan Pera, de larga carrera en las tablas y excelente doblador. De hecho ha sido la voz de Woody Allen en numerosas ocasiones. Y durante años y años fue junto a Paco Morán uno de la “extraña pareja” de Neil Simon. Vaya como recuerdo de paso al autor que fallecía hace unos días.



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