El jardín

Con dramaturgia del australiano Andrew Bowell, cuatro actores plantean una situación dramática utilizando el lenguaje del arte electrónico actual y del recurso narrativo tradicional.

‘El jardín’ del grupo aragonés NOcollective.

Francisco Javier Aguirre. La segunda edición del festival Z-G-Z Escena está celebrándose en nuestra ciudad del 14 al 30 de septiembre. Esta muestra internacional de teatro, danza y circo abrió sus sesiones el pasado fin de semana en el Teatro Principal con la primera entrega de un proyecto ambicioso desarrollado por el grupo aragonés NOcollective.

‘El jardín’, con dramaturgia del australiano Andrew Bowell, ha surgido de un proceso de creación colectiva desarrollado a través de residencias artísticas en Madrid y Zaragoza. Lo han llevado a escena Borja Maestre, Consuelo Trujillo, Jorge Muriel y Pilar Gómez planteando una situación dramática que arranca del presente y revive un pasado caótico derivado de la guerra civil española.

La originalidad de este estreno radica en la mezcla de dos lenguajes contrapuestos, el arte electrónico actual y el recurso narrativo tradicional. Una misma acción, desarrollada en dos planos ambientales, permite al espectador adentrarse en la búsqueda de un significado profundo de las relaciones y reacciones humanas enfrentadas a los avatares de la vida.

La hija impostada de una pareja de la alta sociedad, bien situada en el régimen político de la dictadura, se enfrenta a una situación de caos familiar en la que se interfiere un nuevo personaje, mezcla de realidad y ficción, puesto que pretende ser quien no es. El desarrollo de la trama va ganando en amplitud y profundidad hasta llegar a un clímax trágico que explota todas las sensibilidades, todos los perfiles de la actualidad.

Hay un jardín que es al mismo tiempo un cementerio, un campo de batalla y un espacio donde se cultivan sentimientos dulces y agrios, donde se contraponen consultas, donde se plantean combates ideológicos y emocionales. El resultado es una pequeña cumbre escénica desde la que se busca –y donde atropelladamente se encuentra– el eje de la identidad contradictoria del ser humano.

El espacio escénico es sugestivo, con una ambientación musical inquietante, y en él se desarrolla un juego de personajes que exige del espectador una atención intensa. Buena interpretación de los actores, con un déficit de volumen por parte de Jorge Muriel, cuya audición a partir de las primeras filas resultó en algunas secuencias de la obra un tanto difícil.



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