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'The Rider' nos muestra no solo el exótico ambiente de los rodeos sino el camino físico y moral de un muchacho para encontrar su lugar en el mundo tras un accidente.

Escena de ‘The Rider’.

Fernando Gracia. Tuve la oportunidad de ver en la pasada edición de la Seminci de Valladolid THE RIDER, que afortunadamente ha acabado llegando a nuestras pantallas. Debo decir que fue una de las que mejor sabor de boca me dejaron en mis días de estancia en la ciudad castellana. Y no fui solo yo quien opinó favorablemente de este trabajo con aire de independiente, ya que el jurado la premió con dos espigas, una a la dirección novel de Chloé Zhao y la otra al joven protagonista, Brady Jandreau.

La leve historia de esta hermosa película está al parecer basada en hechos ciertos y cuenta con auténticos caballistas para sus primeros papeles. O sea, que no son actores profesionales. Así vemos al frente del reparto a tres miembros de una familia dedicada al mundo de los rodeos, los Jandreau, el citado Brady más Tim y Lily.

Porque este jinete al que alude el título es un muchacho con gran presente y mejor porvenir en este deporte espectáculo, tan famoso en algunos estados norteamericanos, que debe renunciar a su afición y a aquello para lo que está más dotado por culpa de un accidente.

Así el filme nos mostrará no solo el exótico ambiente de los rodeos sino el camino físico y moral del muchacho para encontrar su lugar en el mundo, tras aceptar que ya no podrá hacer aquello para lo que estaba tan dotado.

Argumento sencillo que en otras manos podría haber sido poca cosa como película. Pero la sensibilidad de la directora, la autenticidad de los tipos que desfilan por ella y la belleza de las imágenes hacen que el resultado final deje un regusto levemente amargo y humanamente positivo.

Lo que más me complació de su visión fue su aire de cine sólido “de toda la vida”, sin necesidad a pesar de desarrollarse en ese ambiente de cargar las tintas en lo viril ni incurrir en excesos melodramáticos.

Como además hacía tiempo que no veía un filme desarrollado en este ambiente de tipos duros pero nobles –uno tiene entre sus buenos recuerdos filmes como “Junior Bonner” o la soberbia “Vidas rebeldes”-, debo decir que salí muy complacido.

Me temo que la película pasará desapercibida entre el maremágnum de estrenos y se verá lastradas por no contar con figuras –o figuritas- al frente del reparto. Si mi comentario sirve para unos cuantos amantes del cine sólido que los americanos saben hacer cuando quieren, o sea cuando no se dejan llevar por las órdenes de las majors, ya habrá merecido la pena el publicarlo.



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