El huevo de la serpiente

'La sombra de la ley' recuerda a cualquier filme de gangsters del Chicago de los veinte con un acertado toque político.

Escena de ‘La sombra de la ley’.

Fernando Gracia. ¿Se puede hacer cine de gangsters en España? Vista “La sombra de la ley” parece ser que sí. Al menos se puede intentar hacer un producto digno que funcione visualmente. ¿Cine a la americana? Digamos que más o menos. Otra cosa es que el producto salga redondo, pero al menos no parece televisión, y que me perdonen los asiduos a series españolas de este jaez.

Dani de la Torre acertó no hace mucho con un buen thriller rodado en Galicia, “El desconocido”. Allí se limitaba a componer cine de género con sorpresa final. Como el joven director es hábil filmando la acción, tanto en interiores como en exteriores, y sabe rodearse de competentes actores, la cosa funcionó.

En la película que ahora se estrena quiere volar más alto y salpica el guion con un acertado toque político, ya que aunque la trama recuerda la de cualquier filme de gangsters del Chicago de los veinte, el sesgo que va tomando nos lleva a lo más acertado del mismo: cómo se va alimentando por unos y otros –o sea patronal/burguesía/ejército por un lado y anarquistas por otro- ese huevo de la serpiente que acabará eclosionando y dará origen primero a una dictadura, luego a una revolución pacífica y finalmente a una guerra civil.

A medida que uno va viendo la película las referencias a títulos como “Cotton Club” y sobre todo “La verdad sobre el caso Savolta” son tan evidentes que casi me da apuro mencionarlas. Pero son inevitables. Aunque claro, en las comparaciones la película del gallego De la Torre desmerece mucho, lo que no es óbice para defenderla como un producto al menos digno.

Cuando veo películas españolas de época, sobre todo del pasado más o menos reciente, confieso que voy a verlas con preocupación. Y me explico: salvo en honrosas excepciones me cuesta mucho creer a los actores y sobre todo creerme la ambientación. Entiendo que es muy difícil encontrar rostros que se parezcan a los de aquellos tiempos –un director, y no diré su nombre, me confesó hace años que era un objetivo imposible de alcanzar-, y en esta ocasión hay de todo. Bien los rostros y los aspectos masculinos. Menos bien los femeninos. Buena la ambientación en la Barcelona de los veinte del siglo pasado, sobre todo en los interiores.

La trama me ha parecido desigual en su desarrollo, con varias inverosimilitudes que no comentaré, por aquello de los spoilers –y perdonen el palabro pero se está imponiendo-. El director gusta de filmar escenas de acción y no se reprime, aunque tenga que echar mano de la fantasía y de la exageración.

En el fondo se trata de un filme coral y como tal algunos personajes están peor desarrollados que otros. No obstante, considero un acierto la ambigüedad del central, un oscuro Luis Tosar, por otra parte tan competente como acostumbra.

A destacar los excelentes secundarios Vicente Romero –recuérdese su “malo” de “Padre Coraje”- y Manolo Solo, tan brillante como de costumbre. Y lo que disfruta Ernesto Alterio haciendo de malo malísimo…

En su favor diré que la película me ha parecido en todo momento entretenida. Y que si uno se sitúa en una posición de apoyo hacia ella resulta suficientemente recomendable. Ahora bien si nos ponemos a compararla con producciones mucho más caras y con guionistas de más caché la cosa ya cambia.

Lo que sí puedo pronosticar es que puede tener mejor recorrido en taquilla que la mencionada sobre el caso Savolta, que siendo infinitamente mejor la vimos de estreno cuatro gatos, creándole tal depresión al pobre Antonio Drove que estuvo siete años sin dirigir y pasó de ser una gran esperanza a que no hubiera quien se acordara de él. Pero esa es otra historia. Ahora dicen que es casi una película de culto, y hasta José Luis López Vázquez me contó una vez que su papel secundario en ella era de lo mejor que había hecho en su prolífica carrera.



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