Espía a una mujer que se mata

La propuesta se distancia de las versiones tradicionales de este clásico y se concentra en una escenografía rígida, breve, sin decorados.

Los actores de ‘Espía a una mujer que se mata’. / Foto: Producciones Contemporáneas, S. L.

Francisco Javier Aguirre. Este es el título de la versión realizada por Daniel Veronese, –título tomado de “Un hombre que se ahoga espía a una mujer que se mata”, obra del artista y escritor renacentista suizo Urs Graf– siguiendo el argumento del famoso drama de Antón Chéjov ‘Tío Vania’.

Se ha ofrecido durante el pasado fin de semana en el Teatro del Mercado, presentado por Producciones Contemporáneas, S. L., bajo la dirección del propio Veronese, con un reparto de lujo integrado por Pedro García de las Heras, María Salas, Susi Sánchez, Malena Gutiérrez, Ginés García Millán, Jorge Bosch y Natalia Verbeke, citados por orden de aparición en la escena.

La propuesta se distancia de las versiones tradicionales de este clásico, con más de un siglo de existencia, y se concentra en una escenografía rígida, breve, sin decorados –salvo el ventanuco espiatorio– y sin otro mobiliario que una mesa, unas sillas y la inevitable botella de wodka. La intención del versionador, y al mismo tiempo diseñador del espacio escénico, es concentrar la atención en los procesos internos de estos siete personajes que debaten cuestiones domésticas, en apariencia, pero de trascendencia universal.

La búsqueda de la verdad a través del arte, el amor a la naturaleza y la protección del medio ambiente –temas reiteradamente expuestos por Chéjov en varias de sus obras: a la memoria me viene la película ‘Ojos negros’, de Mikhalkov, basada en tres relatos suyos–, las relaciones familiares, el sentido de la dependencia económica y de la subordinación laboral propios del momento, aparecen de una forma directa e inevitablemente cruel en el conflicto que se va gestando lo largo de la trama.

Quizá el elemento medio ambiental queda un tanto difuminado a través de Jorge Bosch, como doctor Astrov. Lo que sí resulta manifiesto es el sentido de fracaso que de una u otra manera arrastran todos los personajes, con amores frustrados o no correspondidos, un sentido derrotista de la vida o el descrédito de la actividad intelectual de Serebriakov, interpretado por Pedro García de las Heras.

Todos los actores desempeñan sus papeles con intensidad, los hacen creíbles y memorables, destacando la personificación del tío Vania en manos, lágrimas y voz de Ginés García Millán. Los rasgos de comicidad que introduce Malena Gutiérrez, en el papel del Teleguin, alivian la tensión que respira toda la obra.



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