La omisión de la familia Coleman

La compañía argentina Timbre 4 volvió a presentar, un año después, en el Teatro del Mercado esta obra de la que destaca su calidad textual y la pericia de los intérpretes.

Actores de la obra ‘La omisión de la familia Coleman’.

Francisco Javier Aguirre. El argentino Claudio Tolcachir es uno de los dramaturgos y directores de mayor prestigio en la escena contemporánea. El pasado fin de semana, la compañía argentina Timbre 4 volvió a presentar, en el Teatro del Mercado, ‘La omisión de la familia Coleman’, que se ofreció hace un año en el mismo escenario.

Vista la obra por segunda vez, se alcanzan las dimensiones sutiles de una trama que, aun siendo evidente, esconde perfiles nuevos tras cada gesto, tras cada expresión, tras cada mirada. Una familia que no parece simplemente desestructurada, sino lo siguiente, desarrolla escenas cotidianas hasta llegar a un punto crítico en el que debe trasladarse a un hospital por la enfermedad de la abuela. Allí acaba de consolidarse el caos que, sin embargo, comienza a clarificarse con la toma de postura de cada uno de los miembros del clan, a los que se suma el médico, pieza clave para ensamblar una trama deslumbrante.

El gran mérito de la obra es la perfecta sincronicidad entre una estructura dramática, muy bien organizada, y el desbarajuste formal que muestra una extraordinaria desestructura de la realidad. Los Coleman forman una familia caótica, cuyo único elemento convencional, una de las hijas llamada Vero (Verónica), vive al margen del conjunto, pero al mismo tiempo está implicada en su devenir. Lo cual se demuestra claramente cuando la enfermedad de la abuela impone el traslado de la acción al hospital donde, de nuevo, este personaje, su nieta Verónica, desarrolla un papel fundamental para reestructurar la progresiva desestructuración familiar. Hay una descripción precisa de cómo la perturbación mental de Marito (Mario), va disolviendo unas relaciones interpersonales que llegan la culminar en el sucesivo abandono del perturbado, una vez que desaparece la figura de la abuela que cohesionaba la caótica situación.

Una revisión de la obra destaca de nuevo la calidad del texto y la pericia de sus intérpretes, casi los mismos que en la primera muestra y, por supuesto, a la misma altura interpretativa.



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