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Más vale maña que fuerza

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El esfuerzo es el primer paso hacia el éxito.

Alejandro Novella./ El último recurso es apelar a la suerte, y a que los astros coincidan en su mirada hacia nuestra acción estelar. La casualidad, en contadas ocasiones, hace acto de presencia para hacernos entender que todo lo que nos ocurre no se rige por reglas matemáticas. Aún así, no bases tu existencia en las probabilidades, no entres en el vulnerable terreno de lo inesperado.

Algunos valientes perseveran en su idea de no dejar nada a la improvisación. El azar conlleva la esperanza en algo que no percibes, creencias en una fe con demasiados devotos que casi nunca salen favorecidos. La constancia de uno mismo en lo que uno haga, el superar obstáculos, ya sea saltando, nadando, corriendo o luchando, te curtirán en el aprendizaje de lo que significa la vida. Decaerse no es de débiles, achacar errores y fallos forma parte de la evolución, pero el levantarte y seguir corriendo conviértelo en santo y seña en tu diario.

Sí, la verdad es que los muros existen, pero se mantienen firmes para su pausada escalada hasta sobrepasarlos. Nos quejamos de todo y se ríen de nosotros pero, el desafío es continuo. Solo tú ganas o pierdes cuando compites contra ti mismo. El entrenamiento es el alma de cualquier actividad a ejecutar. La meta siempre en mente y el camino, pese a estar repleto de vallas, es un ligero paseo si la práctica y la voluntad hacen mella en nuestra cabeza. La superación debe formar parte de nuestro día a día sin que nos llegue a causar reparo ni fobia alguna.

Ya puede ser juego en equipo, o trabajo exclusivamente individual, que la implicación personal debe ser la misma, pese a discrepancias halladas. El objetivo está ahí, el esfuerzo es la mejor dieta cuando tienes un propósito que cumplir situado entre ceja y ceja. Mantener cuerpo y mente activa como remedio a la procrastinación.

Ante todo seguir haciendo lo que a uno le apasiona desde una perspectiva continua y sobrellevando altibajos, porque en esta vida nos convertimos en alpinistas de nuestros propios miedos, y dueños de nuestras decisiones. Por ello, la fuerza bruta casi nunca lleva a buen puerto, solo con largas brazadas alcanzarás la orilla. Y como me dijo una vez un hombre sabio y experimentado: “Más vale tarde que nunca”.

 

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