Zaragoza y sus escaparates: un recorrido por el comercio de la ciudad

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Las grandes aceras y calles de la ciudad favorecen el comercio.
Las grandes aceras y calles de la ciudad favorecen el comercio.
Las grandes aceras y calles de la ciudad favorecen el comercio.
Las grandes aceras y calles de la ciudad favorecen el comercio.

Marta Plano. / Un paseo por la ciudad de Zaragoza no sería lo mismo sin esos escaparates que a cada paso captan nuestra atención desviando la mirada del suelo y elevándola hacia el horizonte; un horizonte plagado de objetos, letreros, carteles y originales mensajes que buscan convencernos de que crucemos las puertas que nos separan con el interior de los comercios.

Zaragoza es sin lugar a dudas una ciudad comercial. Un buen lugar donde disfrutar de un día de compras con un abanico inmenso de posibilidades. Desde las últimas y exitosas franquicias hasta las más tradicionales tiendas familiares, todo ello contenido en unas calles que tienen vida, en su mayor parte, gracias a estos comercios. Porque, ¿qué sería de nuestra ciudad sin comercios?

Se convertiría en un lugar vacío, sin alma, aunque por suerte este excepcional pensamiento negativo que nos hemos permitido queda muy lejos de la realidad. Según Natalia García, del Servicio de Comercio y Turismo de la Cámara de Comercio, Industria y Servicios de Zaragoza, la capital aragonesa cuenta con una excepcional oferta comercial dividida tanto en grandes centros comerciales como en tiendas, especialmente en el centro de la ciudad, así como en barrios como Delicias, San José o Las Fuentes.

Paseo de la Independencia.
Paseo de la Independencia.

“Pasear por Zaragoza es agradable, y además disponemos de grandes calles y aceras, lo que facilita mucho el comercio, especialmente en la zona centro”, señala García. De hecho, es el centro el lugar donde más abren y cierran los negocios y donde mejor pueden apreciarse las modas. Natalia García señala que “aunque los zaragozanos no hemos mostrado una especial atracción por un tipo de comercio en concreto, es cierto que últimamente están muy de moda las cafeterías-pastelería y todo lo relacionado con el producto ecológico y la herboristería, el artículo de deporte y el hogar, si bien en el Casco Histórico, por ejemplo, se mantiene el ambiente más bohemio y moderno”.

Desde la Cámara de Comercio, Industria y Servicios de Zaragoza señalan que la capital aragonesa ha conseguido conservar gran parte de su comercio tradicional, a pesar de que los comerciantes atravesaron una etapa muy difícil a partir del 2008 de la que parece que empiezan a recuperarse.

“En el centro se cierran muchas tiendas, pero también es cierto que se abren muchas otras. En los últimos años los comerciantes lo han pasado mal y les ha sido muy difícil empezar de nuevo, especialmente el centro se ha resentido muchísimo, pero desde 2014 experimentamos un crecimiento positivo y parece que el consumidor empieza a animarse a la hora de comprar y que los comerciantes tienen menos miedo de arriesgar”, añade García. Unos comerciantes, que según destaca García cabe señalar que son “grandes profesionales apasionados de su trabajo”.

Basilisa Lafarga, fundadora de La Parisién, junta a su hija Elena Lasaosa.
Basilisa Lafarga, fundadora de La Parisién, junta a su hija Elena Lasaosa. / Foto: La Parisién

La adaptación a las nuevas tecnologías es clave hoy en día para sobrevivir a la dura competencia y mantener las puertas del negocio abiertas, especialmente en negocios tradicionales.

Un ejemplo de esta adaptación es el caso de la mítica tienda La Parisién, un negocio fundado en 1911 en Zaragoza. En 1942 Basilisa Lafarga, viuda de guerra, juntó algunos botones para venderlos, y botón a botón vio como crecía la fila de personas que esperaban turno para entrar en su tienda. Santiago Espa, actual propietario y nieto de Basilisa, señala que “la familia ha sabido adelantarse a los tiempos trasladando a La Parisién a Internet a través de su página web y su blog, y a redes sociales con perfiles en Facebook, Twitter, e Instagram”.

Velo de novia en la tienda La Parisién.
Velo de novia de la tienda La Parisién. / Foto: La Parisién

La tienda conserva su local en la Calle Alfonso I, aunque su propietario comenta que “ahora prácticamente se vende más en las redes sociales que desde el mostrador. Los hábitos de compra han cambiado y ahora los clientes prefieren decidir delante de un ordenador. De este modo podemos vender a todo el mundo. Creo que el comercio tradicional de esperar detrás del mostrador a verlas venir ya no tiene futuro, es necesario tener presencia online”.

Si bien en los últimos años el acceso a la información y el número de franquicias asequibles ha aumentado, desde la Cámara de Comercio indican que en Zaragoza se crean más pequeñas empresas de autónomos que franquicias. Ante todo la incorporación del e-commerce (comercio electrónico) y la presencia en redes sociales se han convertido en elementos fundamentales de cualquier empresa, independientemente de su ámbito o tamaño, ya que un tercio de nuestras compras las realizamos a través de Internet.

Lecciones aprendidas, a veces pendientes de aprender, que marcan la actualidad de los comercios zaragozanos abriendo las puertas no solo a clientes, sino también a nuevas oportunidades.

 

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