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Ricardo Serrano: «Es una buena oportunidad para aprender un oficio y un idioma y, además, cobrando»

Ricardo Serrano, a punto de catar un postre. / Foto: Facebook personal
Ricardo Serrano, a punto de catar un postre. / Foto: Facebook personal
Ricardo Serrano, a punto de catar un postre. / Foto: Facebook personal

Adrián Luis. / Ricardo Serrano (6/1/89), zaragozano, amante del baloncesto y un habitual de la cancha el Matadero. Dejó su vida en la capital aragonesa en busca de un porvenir esperanzador, como muchos otros españoles, en Alemania. En concreto, en la localidad de Timmendorfer Strand (próxima a Lübeck), donde ejerce de cocinero en prácticas en un hotel.

– ¿Por qué te fuiste a Alemania?

– Porque en Zaragoza no había trabajo y encontré la oferta de la oficina del paro, en el departamento EURES para trabajar en Europa. Es una formación dual de tres años en el que aprendes un oficio y el idioma. El programa se llama Mobipro.

– ¿Conocías a alguien ahí o te acompañó alguien a esta aventura?

– En principio, me iba a ir yo solo pero al final mi novia decidió acompañarme. Antes de venir todos los que íbamos a ese programa hicimos un curso intensivo de alemán en Zaragoza. Y vine aquí con todos de Zaragoza pero cada uno a un pueblo distinto.

– ¿Qué tal el idioma?

– Aunque el curso que hicimos fue muy bueno, el idioma es complicado porque la gramática es totalmente distinta a cualquier lengua e incluso, por ejemplo, los números se leen al revés. Y aunque haces el curso allí, vienes aquí y no te suena nada. En el primer mes aquí, aprendes más que en cualquier academia.

– ¿En qué trabajas en la actualidad?

– Trabajo de cocinero. Estoy en un pueblo que se llama Timmendorfer. Yo tuve suerte porque de las empresas distintas a las que hemos venido, yo llegué a un hotel de cinco estrellas. Y, quieras que no, eso siempre te da mucho currículum. Porque cuando termine, en mi currículum estará que he trabajado tres años en un hotel de cinco estrellas.

– ¿Qué tal el sueldo?

– Todos los que hemos venido con este programa tenemos un tope, es decir, cobramos una parte del estado alemán y otra parte de las empresas. El tope son 818 euros. En el primer año de formación, el estado te paga una cantidad y la empresa otra. En el segundo año, como se supone que tú ya has aprendido algo más, te paga un poco más la empresa y un poco menos el estado. Y en el tercer año, un poquito más la empresa y un poquito menos el estado. Siempre, durante los tres años, entre las dos cantidades tienen que sumar 818 euros. Te da para vivir de sobra. Por ejemplo, yo estoy en una habitación con baño de un hotel para el personal y me cobran 100 euros al mes.

– Entonces, estás de prácticas en un hotel y, además, estás estudiando, ¿no?

– Si, se llama formación dual donde se aprende el oficio y el idioma. Todos los españoles que hemos venido con este programa, por obligación, trabajamos, vamos a la escuela a aprender el oficio, es decir, la teoría y, aparte, tenemos clases de alemán. Nosotros vamos a clase con alemanes que ellos hacen como si fuera un grado medio. Cuando ellos terminan se van a casa pero nosotros cuando terminamos tenemos dos horas de alemán.

– ¿Cómo fueron los primeros meses de estancia en Alemania?

– Los primeros meses, duros sobre todo por el idioma y la adaptación. Vine aquí el sábado 3 de mayo de 2014 y al día siguiente empecé a trabajar ya. Yo estaba trabajando y me dice el compañero a las 11:30 de la mañana: “A comer”. Y le digo: “Pero, ¿cómo que a comer?”. Y me dice: “Sí, sí, a comer”. Había espaguetis a la boloñesa, a las 11: 30 de la mañana. Lo que hice fue echarme un plato bien grande porque no sabía cuándo iba a ser la próxima vez que iba a comer.

– ¿Cómo son los alemanes y las alemanas?

– Los alemanes son gente que cuesta mucho entrar en sus círculos pero si entras tienes una amistad para siempre. La verdad es que es gente que te ayuda y si ven que te esfuerzas por hablar su idioma, ellos se esfuerzan también por entenderte. Pero a lo mejor en otro sitio dirían: “Pues que se apañe y punto”. Por ejemplo, en España, te viene un inglés a preguntarte algo y le mandas a paseo.

– ¿Te gusta la gastronomía germana o echas de menos el jamón?

– Se echa de menos la gastronomía española porque, por ejemplo, las albóndigas de la mama o cosas así siempre se echan en falta. Pero la verdad es que aquí hay buena comida, en relación con el precio es prácticamente el mismo que en España siendo que los sueldos son bastante más altos aquí, por lo general, y yo dentro de lo que cabe he tenido suerte porque es una zona al lado del puerto y del mar y el pescado es buenísimo.

– Como amante del baloncesto, ¿sigues practicando este deporte en Alemania?

– Nos costó tiempo practicarlo porque aquí en el pueblo hay una cancha pero es pequeñita y no va prácticamente nadie. Pero en la escuela donde estudiamos el oficio, hay dos profesores que juegan a baloncesto. Entonces, a través de ellos conseguimos meternos en un equipo que está en el pueblo de al lado. Podemos ir un día o dos a entrenar, lo que pasa es que dependemos mucho de los horarios que tengamos nosotros porque en la gastronomía tener libre un día fijo es muy complicado. Es gente muy amable e incluso nos dieron la oportunidad de jugar en el equipo por 5 euros al mes, cosa que en Zaragoza no puedes encontrar. Lo que pasa que aquí hay muy poca gente que juega porque se lo lleva todo el balonmano.

– ¿A qué te dedicabas en Zaragoza?

– Lo último que hice en Zaragoza fue trabajar en el Decathlon, en el almacén que está cerquita de la Base Aérea. Terminé en enero y ya en febrero empecé con este programa porque aunque yo vine en mayo, tienes que hacer un curso de dos meses y medio de alemán porque las empresas de aquí quieren que vayas un poquito con el idioma aprendido para no partir de cero.

– ¿Tienes intención de volver a España o te quedarás en Alemania?

– De entrada, tengo que terminar la formación que estoy haciendo que son tres años. Tengo contrato hasta agosto de 2017. Y después me lo tendría que plantear seriamente porque aquí cuando terminas la formación, un cocinero con el título recién sacado cobra mínimo 1.200 euros. En España, para cobrar eso, tiene que ser un buen trabajo, por lo menos a día de hoy. Aparte, en tres años, puedes aprender bien el idioma. Entonces, si vuelves a España con el título, en mi caso con tres años trabajados en un hotel de cinco estrellas y con el alemán, tienes muchas más oportunidades de encontrar trabajo allí.

– ¿Qué es lo que más echas de menos de Zaragoza?

– En particular, las dos cosas que echo de menos son la familia y el Matadero. Yo, adicto al baloncesto, aquí no puedo jugar prácticamente y esos veranos jugando allí horas y horas pues se echan de menos. Y en tercer lugar, la comida.

– ¿Qué les dirías a los jóvenes que no encuentran trabajo en su ciudad?

– Sinceramente, yo les diría que vinieran y aprovecharan la oportunidad. Por ejemplo, cuando tú te metes en este programa, tienes la opción de venir tres meses de prácticas, a probar. Entonces, tú estás tres meses y ves cómo es el trabajo, ves cómo es la vida… Si te gusta, te puedes quedar. Si no te gusta, te puedes ir sin ningún problema. Pero es una buena oportunidad para aprender un oficio y un idioma y, además, durante esos tres años de aprendizaje, estás cobrando. No es como en España.

– Por último, ¿qué buena noticia te gustaría compartir?

– Lo que me gustaría decir es que ya he terminado la formación alemana y ya puedo volver a casa con el título debajo del brazo pero aun quedan dos años para eso. La verdad, que aquí el tiempo vuela.

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