Javier Macipe: “No aspiro a ser un Dios en la industria del cine porque eso normalmente supone hacer malas películas”

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Javier Macipe, con el Premio Simón al mejor corto por Os meninos do rio. / Foto: Gabi Orte
Javier Macipe, con el Premio Simón al mejor corto por Os meninos do rio. / Foto: Gabi Orte
Javier Macipe, con el Premio Simón al mejor corto por Os meninos do rio. / Foto: Gabi Orte
Javier Macipe, con el Premio Simón al mejor corto por Os meninos do rio. / Foto: Gabi Orte

Adrián Luis. / La inspiración desespera y seduce a partes iguales. Cada artista posee sus métodos para encontrarla. Unos acuden a su rincón preferido de la ciudad en busca de la calma y la introspección. Otros se citan con sus musas. Algunos hallan el numen en las largas noches de insomnio. Unos cuantos la descubren en la misma calle, en las historias reales de los miles de anónimos que la transitan. El cineasta Javier Macipe (Zaragoza, 4/8/1987) pertenece a este último grupo. Sus dos obras de 2014, el cortometraje Os meninos do rio y el largometraje Los inconvenientes de no ser Dios, dan buena cuenta de ello.

Os meninos do rio versa sobre la incomprensión que produce no seguir las directrices que dicta el núcleo mayoritario. Por su parte, Los inconvenientes de no ser Dios son un conjunto de relatos donde imperan las desgracias y la melancolía.

Javier Macipe habla con Zaragoza Buenas Noticias acerca de estas dos creaciones que le han permitido ser un valor de la nueva hornada de cineastas aragoneses.

– ¿Qué ha significado para usted el cortometraje Os meninos do rio?

– Principalmente supuso a nivel personal mucho porque fue la posibilidad de conocer un país que desconocía –estando tan cerca nunca había estado ahí– y conocerlo con más profundidad que el turista porque estuve ahí cuatro meses que me permitieron entender cómo es realmente esa cultura y la ciudad de Oporto, en concreto. Y profesionalmente ha sido el trabajo que más éxito ha tenido de todo lo que he hecho, entonces este año ha supuesto que he viajado mucho, el corto ha estado ya en 180 festivales, con lo cual, se da la posibilidad de ver mucho cine que se hace ahora y que solo se puede ver en festivales, conocer muchos directores, que se me conozca a mí también… En definitiva, un antes y un después.

– Los actores de la cinta son los propios niños de las clases sociales más desfavorecidas de Oporto, ¿cómo fue trabajar con ellos?

– La verdad es que fue muy fácil porque la mayor parte de la fuerza y la energía que metimos en la preproducción fue en hacer un casting muy grande ya que no queríamos actores, entonces buscábamos a un niño que fuera lo más parecido posible al personaje. Fue fácil en el momento que encontramos al niño, como se parecía tanto el propio niño, su forma de ser, al personaje –la chica también–, casi yo no tenía que hacer nada. Yo creo que la gente piensa que trabajar con niños es difícil pero a mí me parece que es fácil porque tienen mucha imaginación y piensan poco en cómo estará quedando la película, con lo cual, no se ponen nerviosos, no están pensando en sí mismos, entonces se relajan y se entregan mucho a las indicaciones.

Cartel del cortometraje Os meninos do rio. / Foto: Facebook oficial
Cartel del cortometraje Os meninos do rio. / Foto: Facebook oficial

– ¿Alguna vez se ha sentido identificado con el protagonista, Leo?

– Al final la moraleja del corto es que no solo en el mundo hay espacio para los valientes que son los que saltan el puente sino también para los que no son tan valientes que se refugian en el arte o en otras formas de expresión para conseguir estar con las chicas. Desde ese punto de vista, Leo termina escribiendo poesía, pues yo termino haciendo cortometrajes o escribiendo canciones. Sí que me parezco, claro.

– El puente Luis I de Oporto y sus alrededores fueron el escenario de esta producción, ¿al final se animó a saltar al Duero?

– Si, al final saltamos yo, el director de fotografía y uno de los directores de producción portugueses con los niños.

– ¿Y qué tal la experiencia?

– Muy bien pero no lo repetiría. Además, una vez que te has asomado ya no hay vuelta atrás porque tienes que escalar entre los hierros, entonces o saltas o te sacan los bomberos. Estando ahí, con todas las miradas de los niños que habían saltado delante de nosotros un millón de veces, teníamos que saltar sí o sí. Pero no lo volveré a hacer.

– La película ganó el concurso El corto del año de la distribuidora Promofest, cuyo premio consiste en la distribución del proyecto por festivales de todo el mundo, ¿si no hubiera conseguido tal premio que hubiese pasado con los Meninos?

– Eso es difícil saberlo pero desde luego que se habría visto en muchos menos festivales. En España, lo habríamos enviado igual y se supone, en principio, que con el mismo resultado. Pero en los festivales internacionales, que es donde más se ha visto, sería impensable. El premio de Promofest es lo que hace que sea un antes y un después.

Os meninos do rio ya ha recibido más de cincuenta galardones, ¿le quedan palabras de agradecimiento y hueco en la estantería?

– No los tengo en una estantería. Los guardo en el garaje de mi casa porque no me gusta darles tanta importancia a los premios sino se convierte esto que parece una competición y tú no haces un corto para competir con otros cortos. Aunque, por supuesto, agradezco cada vez que recibo un premio y a todo el mundo le gusta. En cuanto a las palabras, tampoco se me da muy bien hablar en público y cuando me dan un premio solo sé agradecer. No soy muy dado al discurso.

– Otro proyecto de usted, el largometraje Los inconvenientes de no ser Dios, se estrenó en la inauguración del Festival de Cine de Zaragoza, ¿cómo fue el debut en casa?

– Fue un día muy emocionante que no olvidaré. Además, el acto fue compartido con Luisa Gavasa que también era un momento importante para ella. Me hizo ilusión compartir ese día con el premio que le daban por toda su trayectoria. Y ver la película en la sala más grande del Aragonía, con la sala llena, la acogida que tuvo que fue muy buena, la crítica que salió de Carmen Puyó también fue muy buena y luego, encima, ganar el premio… No lo podía ni soñar. De hecho, yo ya lo celebré cuando me llamó ‘Archy’ (José Luis  Anchelergues, director del FCZ) para decirme que quería que fuera la película inaugural.

– Este film tiene su origen en una beca de la Fundación Antonio Gala, ¿cómo surgió la idea?

– Lo que quería era vivir en el convento de la Fundación Antonio Gala y lo que necesitaba era una excusa, presentar un proyecto, para que me dieran esa beca. No surgió al revés, o sea, no es que yo tuviera un proyecto y pensé: “Este es un buen sitio para hacerlo”. Como era en Córdoba, por ser una ciudad en la que las religiones han marcado mucho la arquitectura y la convivencia, pensé que la espiritualidad podría ser un buen tema para abordar en la película. Al final acaba siendo una película que habla de la ausencia de espiritualidad en las ciudades actualmente. Si la beca no hubiera sido en Córdoba, no habría pensado ese tema.

– ¿Es duro no ser un Dios en la industria del cine?

Ahora mismo estoy muy feliz haciendo las cosas que hago. No aspiro a ser un Dios en la industria del cine porque eso normalmente supone hacer malas películas. Tal y como está el cine ahora mismo en España, hacer una película muy taquillera suele significar un bajo nivel intelectual. Normalmente, suelen ser productos que se hacen para venderse y para explotarse rápido como la comida rápida. En ese aspecto, yo no aspiro a eso.

– A pesar de la crisis económica, el IVA y los recortes en cultura, el cine aragonés está viviendo una época dorada gracias a la nueva generación de cineastas, ¿a qué se debe este fenómeno?

– Creo que ha habido unos pioneros que han abierto camino. Eso ha sido clave. Miguel Ángel Lamata y Paula Ortiz parecen que son los primeros que al abrir la brecha hacen a los demás pensar que pueden hacer películas aquí. En ese sentido fue Lamata el que más. Ya queda un poco lejos pero cuando él hizo Una de zombis parecía imposible rodar una película en Zaragoza y cuando se lo contó a Santiago Segura le veían como un loco. Esos ejemplos son los que nos han animado al resto. Los recortes en cultura y todo eso afectan y se suplen con muchísimo riesgo, esfuerzo como es el ejemplo de Justi&cia de Nacho (Ignacio Estaregui), la película (Bendita calamidad) de Gaizka (Gaizka Urresti). Si hubiera más apoyo, no tendrían que arriesgar tanto y estarían en una situación mejor. Es una tierra de cineastas y tampoco es raro que salgan muchos.

El director aragonés Javier Macipe. / Foto: Adrián Luis
El director aragonés Javier Macipe. / Foto: Adrián Luis

– Tras un 2014 prolífico, ¿qué nueva secuencia de su vida está filmando o filmará?

Ahora estoy preparando un largometraje, no se puede contar todavía el tema porque está basado en hechos reales sobre la historia familiar de un personaje bastante famoso de Aragón. Llevo casi un año y medio de documentación, o sea, entrevistando a la gente que lo conocía. Y ahora empezaré con el guion. Un largometraje de ficción será, no documental.

– Por último, ¿qué buena noticia le gustaría compartir?

– Para mí la mejor noticia es que ahora mismo tengo la expectativa del mes que viene ponerme a escribir el guion de mi próxima película que es algo que hace unos años no habría podido ni soñar y además que es un tema que me apasiona y que une mis dos grandes pasiones que son la música y el cine.

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