
Yolanda Cambra:/ Es curioso que, cuando nos enfrentamos al reto de marcarnos objetivos a un año vista, cuando tenemos la posibilidad de planificar nuestra vida y elegir lo que queremos que nos suceda, solemos bloquearnos. “No sé de qué voy a ser capaz en un año” argumentamos.
Y ¿quién lo sabe? Lo que está claro es que es difícil que te llegue algo que no te habías propuesto. Marcarlo como objetivo y trazar un plan de acción para conseguirlo hace que pongas el foco y concentres toda tu energía en lograrlo. Y eso aumenta exponencialmente tus probabilidades de obtenerlo.
Una de mis frases favoritas es “¿Y por qué no?”. Pensar en pequeño es de mediocres. Si piensas en corto, no llegas lejos. Camina paso a paso, pero pon la vista en el horizonte.
Recuerdo en las típicas fechas de la lotería navideña, cuando oyes comentarios de gente que dice que se conformaría con que le tocase una cantidad pequeña de dinero, suficiente para cubrir deudas. Una amiga mía siempre les contestaba “Sois pobres hasta para pedir”. Y razón no le faltaba. La vida es como los Reyes Magos, tú le pides los juguetes con los que sueñas… y ellos ya veremos lo que te traen. Pero si no está en la carta… ¡olvídate de recibirlo!
Nos conformamos con las migajas de la vida, con lo que nos van echando. Yo misma, he trabajado toda mi vida en los empleos que me salían. Los trabajos y las empresas me elegían a mí, no yo a ellas. Había una oferta de trabajo y yo presentaba mi currículum. Pensaba en si ese era un puesto que yo podía o no desempeñar, si estaba o no cualificada, pero no me preguntaba si era algo en lo que yo realmente deseaba trabajar.
No fue hasta el año pasado, en que una baja laboral seguida de despido improcedente puso toda mi vida patas arriba. Y me dije “Ahora o nunca, Yolanda. Ahora eliges tú” Y ya lo creo que elegí. Elegí mi vida entera: a qué quería dedicarme profesionalmente y escogí mi formación, puse límites a personas próximas que lastraban mi vida, me marqué objetivos y tuve clarísimo quién quería ser a partir de entonces. Me convertí en mi propio líder y trabajo cada día para seguir construyendo la vida que elijo tener.
Pero, ¿por qué no hacemos todos esto que suena tan bien? Por varias razones, una de ellas es que no nos atrevemos a pedir. Nos sentimos egoístas y desagradecidos por desear una vida mejor. Miramos a los lados y siempre hay gente que está peor. Y ¿qué pasa con los que están mejor? Tú no eres culpable que haya otros en peor situación que tú. Mi pregunta es ¿dónde deseas estar tú? Hay gente que no está preparada para estar arriba, pero ¿y tú? ¿Cómo te sientes al leer estas líneas? ¿Vibras al leer lo que he escrito para ti? ¡Entonces sal a por ello y haz que se haga realidad!
Otro de los motivos por los que no conseguimos lo que anhelamos es porque creemos que no lo merecemos. Pensamos que las vidas de éxito son para otros. Me escriben muchas mujeres atrapadas en relaciones sentimentales tóxicas, con parejas que las retienen a su lado con un “¿Dónde vas a ir sin mí, quién te va a querer?” Y ellas se lo creen, claro. A veces no hace falta ni tener un tóxico en casa, nos lo decimos a nosotras mismas y nos quedamos con lo malo conocido y nos ahogamos en la mediocridad y el gris de nuestra zona de confort.
Ayer hablaba con una niña preadolescente y se quejaba de que sólo se fijan en ella los chicos feos de su clase. Yo le expliqué que no debía esperar a que algún chico se fijase en ella, sino que era ella quien debía elegir. Piensa si no estás haciendo tú lo mismo… ¿Qué te hace creer que no puedes elegir tu vida? ¿Te imaginas ir a una tienda de iluminación a por lámparas para tu casa y, en vez de elegirlas, decirle al empleado que te dé las que quiera, alguna que tenga por ahí? ¿O pagar por un coche y que sea el dueño del concesionario quien elija el modelo y color que te llevas? ¿O ir a un restaurante y que el camarero elija por ti?
Si estas situaciones te parecen absurdas, párate a pensar si tienes la vida que quieres. Y sí, me vas a decir que vives en una casa que elegiste, conduces un coche que escogiste… pero piensa: si pudieses borrar tu vida y empezar de nuevo, ¿sería igual que ahora?
Pues coge papel y bolígrafo y empieza a escribir tu objetivo a un año, tu carta a los Reyes Magos, dibuja el bosquejo de tu nueva vida… Y, desde hoy, elige tu vida, porque mereces tener la vida que quieres.