El Real Monasterio de Santa María de Veruela

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Veruela-G001a-2“Figúrese usted una iglesia tan grande y tan imponente como la más imponente y más grande de nuestras catedrales. En un rincón, sobre un magnífico pedestal labrado de figuras caprichosas, y formando el más extraño contraste, una pequeña jofaina de loza, de la más basta de Valencia, hace las veces de pila para el agua bendita; de las robustas bóvedas cuelgan aún las cadenas de metal que sostuvieron las lámparas, que ya han desaparecido; en los pilares se ven las estacas y las anillas de hierro de que pendían las colgaduras de terciopelo franjado de oro, de las que sólo queda la memoria; entre dos arcos existe todavía el hueco que ocupaba el órgano; no hay vidrios en las ojivas que dan paso a la luz; no hay altares en las capillas; el coro está hecho pedazos; el aire, que penetra sin dificultad por todas partes, gime por los ángulos del templo, y los pasos resuenan de un modo tan particular, que parece que se anda por el interior de una inmensa tumba. Tal es el efecto que produce la iglesia del monasterio cuando por primera vez se traspasan sus umbrales.”

Desde mi celda (carta IX: “La virgen de Veruela”. 1864) Gustavo Adolfo Becquer

 

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Los monjes cistercienses encontraron en los entonces frondosos bosques del somontano del Moncayo el silencio y la soledad que su regla monástica exigía, además de otros elementos fundamentales para la vida cisterciense: piedras (las canteras de la zona) y agua (la del río Huecha o La Huecha)

Redacción:/  Abadía cisterciense del siglo XII, situada en las cercanías de Vera de Moncayo, entre Tarazona y el Moncayo, Zaragoza, Aragón.
En 1141 Pedro de Atarés junto con su madre donaron los valles de Veruela y Maderuela, en torno al río Huecha y a escasos kilómetros al noroeste de Borja, a los monjes franceses de la Abadía de Escaladieu para que se fundase un monasterio bajo la advocación de la Virgen María. Sin embargo, la orden del Císter no dio el permiso para que se procediese a la fundación hasta 1146, siendo por consiguiente el monasterio cisterciense más antiguo de Aragón. La donación fue confirmada en 1155 por Ramón Berenguer IV.

Los monjes cistercienses encontraron en los entonces frondosos bosques del somontano del Moncayo el silencio y la soledad que su regla monástica exigía, además de otros elementos fundamentales para la vida cisterciense: piedras (las canteras de la zona) y agua (la del río Huecha o La Huecha). Ese río fue, precisamente, el eje de la articulación del señorío verolense. Veruela como señor de vasallos poseía las localidades de Ainzón, Alcalá de Moncayo, Bulbuente, Litago, Pozuelo de Aragón y Vera de Moncayo, además de poseer una granja en Magallón (la conocida como Granja de Muzalcoraz), sin olvidar que hasta 1409 poseyó también Maleján. Todas estas posesiones convertían a la institución señorial de Santa María de Veruela en el gran señor del Valle de La Huecha y de las actuales comarcas de Borja y Tarazona.

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Veruela fue abandonada por los cistercienses en 1835, cuando la desamortización, lo cual propició la destrucción y el abandono del cenobio

Veruela fue abandonada por los cistercienses en 1835, cuando la desamortización, lo cual propició la destrucción y el abandono del cenobio. No obstante, una junta de conservación formada por gentes de Borja y Tarazona impidieron su ruina total y merced a la creación de una hospedería pudieron conservar el monumento. A dicha hospedería acudieron durante la segunda mitad del siglo XIX la alta sociedad zaragozana e ilustres personajes como los hermanos Bécquer, Gustavo Adolfo y Valeriano el pintor, ambos encontraron en Veruela un lugar romántico por excelencia que inspiró muchos pasajes de sus obras, en especial la colección de cartas de Gustavo Adolfo reunidas y publicadas con el título de Desde mi celda, y buena parte de la colección de grabados de Valeriano.c Es evidente que la presencia del poeta ha otorgado a Veruela la universalidad de la que hoy disfruta, algo que no consiguieron ni la larga presencia cisterciense entre 1145 y 1835, ni la estancia jesuítica en el periodo de 1877 a 1975.

En 1976 la Dirección General de Bellas Artes del Estado español lo cedió en usufructo a la Diputación de Zaragoza para su rehabilitación y conservación, en la cual ha invertido varios cientos de millones de pesetas en más de veinte años de esfuerzo continuado.

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Veruela es un marco excepcional y un ejemplo de cómo adecuar los nuevos usos culturales al patrimonio arquitectónico.

 

 

 

Desde entonces se han potenciado sus actividades culturales con festivales y exposiciones temporales, de arte contemporáneo en su mayoría, con el interés específico de dar a conocer a los artistas de la provincia.

Veruela es un marco excepcional y un ejemplo de cómo adecuar los nuevos usos culturales al patrimonio arquitectónico.
Bibliografía:

Cabanes Pecourt, Mª de los Desamparados (1995). «Datas históricas de la documentación de Veruela del siglo XII».
Díaz Barón, Mª Gloria (1992). «Las relaciones del Monasterio de Veruela y Bulbuente: el cumplimiento de la carta de población de Villamayor». Turiaso (Zaragoza: Institución Fernando el Católico: Centro de Estudios Turiasonenses)
Melero Moneo, Mª Luisa (2004). «Reflexiones sobre el monasterio cisterciense de Santa María de Fitero». De arte: revista de historia del arte

Fotos gentileza de    http://www.romaricoaragones.com

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