Fiestas de la fraternidad

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Carpa de las Fiestas de San Lorenzo. / Foto: Adrián Luis
Carpa de las Fiestas de San Lorenzo. / Foto: Adrián Luis
Carpa de las Fiestas de San Lorenzo. / Foto: Adrián Luis
Carpa de las Fiestas de San Lorenzo. / Foto: Adrián Luis

Adrián Luis. / No importa la distancia o no tener un sitio para dormir. Las fiestas de Aragón son un bien, al igual que la bandera, que aúna a sus habitantes, sean del rincón que sean, con un único fin: disfrutar de un ambiente jovial. La estación de trenes y autobuses o el lugar de referencia donde quedan los amigos para montar en el coche son los puntos de partida hacia esos destinos. Ya en los epicentros festivos, los muchachos y muchachas, con el uniforme o sin el uniforme del lugar, aguardan inquietos el momento del pregón. Un pistoletazo de salida de charangas, peñas, conciertos y verbena.

Zaragozanos a su llegada a la estación de Huesca. / Foto: Adrián Luis
Zaragozanos a su llegada a la estación de Huesca. / Foto: Adrián Luis

Los jóvenes destacan de estos encuentros que son una manera de conocer a personas de allí y de volver a ver a las amistades de aquí. El zaragozano Álvaro Aguilar lleva viajando a Huesca cinco años y a Teruel cuatro años para dar testimonio de las congregaciones que en estas localidades se forman. “La convivencia, en general, muy buena. A veces hay un poquito de pique porque hay gente que tiene un poquito de aversión a la gente de la capital. A Aragón le encanta la fiesta y siempre que nos juntamos es perfecto”, sostiene Álvaro Aguilar. El también cesaraugustano y peregrino de estos festejos, Jorge Latorre, señala como virtud de las Fiestas de San Lorenzo que la marcha se prolonga hasta la salida del sol: ”Aquí en Huesca hay ritmo hasta altas horas de la mañana”. En cuanto a las Fiestas del Ángel, Latorre apunta que lo mejor es ”sobre todo el ambiente y que hay carpas dispersas por toda la ciudad y eso crea una atmósfera muy festiva para estar todos en comunión”.

Jóvenes reunidos en los alrededores de Interpeñas. / Foto: Adrián Luis
Jóvenes reunidos en los alrededores de las carpas de Huesca. / Foto: Adrián Luis

Para Adrián Monserrate no supone ningún problema la cantidad de kilómetros que separa su Alcañiz natal de las fiestas patronales de Zaragoza o Huesca: “He estado en Pilares, en Huesca este primer año –confiesa Monserrate–, en Teruel. Aparte, en Alcañiz y en el mes de agosto siempre vamos algún sábado a algún pueblo de por ahí”. Otras personas optan por las fiestas de los pueblos en vez de las de las urbes aragonesas. Este es el caso del oscense Miguel Mayoral: ”Las grandes fiestas no me gustan por la masificación”. Mayoral prefiere las fiestas de Arguis, Jaca, Loarre, etcétera.

En definitiva, almuerzos, comidas y cenas, música foránea y autóctona, cervezas y calimochos y duplicación de la densidad demográfica son el factor común de las fiestas patronales que se celebran en esta comunidad autónoma. Los pañuelos rojos, verdes o con cuadros rojos y negros anuncian que en Aragón hay fiesta.

 

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