
ZBN./ Está solo ante el peligro y sus únicos compañeros de travesía serán, a partir de ahora, una serie de objetos cotidianos con los que intenta salir del paso: una guitarra, una silla, una chaqueta, un periódico y una escalera. Con ellos como escudo, juega e improvisa, sufre y se divierte. Los objetos se transforman en sus manos en grandes amigos o en terribles enemigos, porque ha olvidado, o quizá no ha sabido nunca su uso.
– ¿Cómo te defines?
– Bueno… yo no sé cómo definirme, pero si me tengo que quedar con algo, me quedo con payaso, me gusta ser o por lo menos intentar ser un buen payaso.
– Tienes cinco libros de poesía publicados, ¿te planteas un sexto?
-No, la verdad es que no tengo tiempo de dedicarme a la poesía, ahora estoy en otros temas…ya quisiera, la verdad es que no tengo tiempo.

– ¿Cómo es meterse en papeles de películas tan traídas del mundo del cómic como Mortadelo y Filemón o tan surrealistas como el milagro de P.Tinto?
– Es un juego, procuro acercarme al trabajo siempre desde la idea del juego, la idea de la diversión. Esto no implica que no debas tener cierta disciplina en el rodaje, pero procuro divertirme, más allá de los aspectos técnicos del rodaje, lo que más recuerdo son los buenos momentos que pasamos los compañeros, me quedo con esos momentos.
-¿Te sentiste a gusto en papeles dramáticos como los de la película Tierra o la obra teatral, La Fundación?
– Son treinta años aproximadamente los que llevo de profesional y lo que nos gusta a los actores es cambiar, nos gusta hacer cosas diferentes. Se elige esta profesión por la itinerancia que supone, la ubicación, nunca tienes un lugar de trabajo fijo y vas moviéndote constantemente y no tienes nunca lo mismo que hacer.
Incluso las funciones nunca son las mismas, me gusta el drama, tanto como la comedia pero si tuviera que elegir, me quedaría con la comedia indudablemente, es donde mejor me los paso y me gusta oír a la gente reír y pasárselo bien. Como no tengo que elegir y prefiero compaginarlo, me gusta la variedad.

– ¿Qué queda de Chema de la serie Aida?– Un personaje que te acompaña durante tanto tiempo cala mucho, tanto tu interior como la imagen que has proyectado pues, todavía hay mucha gente que me llama Chema. Por lo demás la serie sigue vigente con repeticiones, sigue presente en la retina de la gente e inevitablemente quedan muchas cosas. De los personajes que uno hace, uno pone en ellos pero ellos también te dejan algún recuerdo, fueron diez años de Chema.
– Pepe, esos objetos que te acompañan en cada función de encerrona, imagino que son ya como parte de tu familia, compañeros de tablas …¿Cómo es tu relación con ellos?, ¿ que son para ti esos objetos que te enredan de esa manera?
– Son actores que están conmigo, aparentemente inanimados pero tienen mucha vida, están llenos de recursos y posibilidades. En España no hay mucha tradición de humor gestual, se impone el humor verbal y la verdad es que tuve ese momento en mis comienzos de fulgor, con mis objetos en cualquier escenario llamaba mucho la atención, era de los pocos junto con Tricicle que lo hacíamos, esa situación calaba mucho en el publico.

– Para terminar, ¿podrías compartir con los lectores lo que para ti es una buena noticia actualmente?, a nivel personal o general.
Una inmensa buena noticia seria que se terminara el drama de los inmigrantes en Europa, que no tuvieran que venir porque se hubiera acabado la guerra y en el caso de quedarse, que pudiéramos tener medios para acogerles y sobre todo que este invierno no fuera tan duro como se ve que será para ellos.
Esa sería una buenísima noticia que lamentablemente no espero pero bueno…
“Encerrona” es una reflexión sobre lo cotidiano desde la perspectiva del payaso. El personaje vive la experiencia de haberse quedado atrapado en el escenario. Cuando entra en escena no sabe dónde se está metiendo.
Es un personaje engañado que entra allí porque le han dicho que ese es el camino y, de pronto, se encuentra frente a un público que le mira y parece exigirle algo. Él no viene a actuar pero se ve obligado a ello.