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La plaza del diamante

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La plaza del diamante

Francisco Javier Aguirre.-  El segundo fin de semana de febrero ha llegado al Teatro Principal la versión castellana de ‘La plaza del diamante’, novela considerada por los expertos como una de las más notables de la lengua catalana en el siglo XX. Durante casi hora y cuarto, una actriz sentada en un banco callejero, acompañada solo por su nostalgia y unas luces de verbena que oscilan al compás de los acontecimientos, repasa lo que ha sido su vida. Estamos en la posguerra barcelonesa, ha pasado el conflicto bélico, pero no el humano, que transpira a través de las palabras de Lolita hasta estremecer.

Con una dicción precisa, en un tono intimista, conjugando la sencillez de la palabra con la grandeza del espíritu, la protagonista desgrana sus recuerdos, desde que era una jovencita empleada en la pastelería del barrio hasta el presente. Las calamidades de la guerra, la miseria que soportó a continuación, su rebelión personal sofocada por las circunstancias, los intentos de superación, el alivio de sus males por la providencial aparición de un tullido en su vida… van desfilando ante los ojos y los oídos del espectador. Ni un susurro, ni un gesto, ni una sospecha pueden perderse.

En Natalia, llamada por su primer marido ‘la Colometa’, pueden leerse las angustias internas y externas de toda una generación, en Barcelona y en cualquier otro lugar de la geografía española. Hay un desgarro permanente en la narración capaz de transmitir sensaciones profundas. Una narración más soliloquio que monólogo, porque el primero no está destinado a los espectadores sino a su protagonista, por más de que el patio de butacas no pierda ni una coma de lo que se cuenta en el escenario.

Lolita Flores consigue conmover al espectador un día tras otro, desde hace dos años ya, con toda la carga emocional que resume en sus palabras, en sus silencios, en su presencia y en su ausencia. Porque hay un vacío elocuente cuando la protagonista está más cerca de quienes la escuchan con el alma abierta, que de quienes la ven como una famosa actriz.

Francisco Javier Aguirre

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