Negra. Crítica sobre la película Colette

Keira Knightley protagoniza esta cinta encarnando a la conocida escritora, en un biopic que se centra más en su creación literaria que en su interesante vida privada.

Keira Knightley protagoniza Colette.

Fernando Gracia Guía. Durante muchos tiempos los libros de Colette gozaron fama de atrevidos y sufrieron la censura de muchos países, incluido el nuestro. La edulcorada, aunque brillante, versión cinematográfica de su éxito “Gigi”, tras pasar por el filtro del musical que ya lo había suavizado, hizo conocer su figura entre nosotros, por lo que cuando llega este biopic me acerco con curiosidad a verlo, máxime cuando quien pone su bello rostro para encarnarlo es nada menos que Keira Knightley.

Al parecer el director concibió esta película junto a su pareja Richad Glatzer, ya fallecido, hace un tiempo. En su honor le hace figurar en los títulos de crédito. No se trata de una biografía que abarque la larga vida de esta mujer, ni sus tres matrimonios e incontables amantes tanto de un sexo como de otro, sino que se centra en sus comienzos como escritora tras casarse con su primer marido, un vividor avispado con ínfulas escritoras que descubrió la mayor habilidad de su mujer a la hora de narrar historias, un tanto subidas de tono si fuera posible.

La acción nos lleva desde su salida de la granja familiar en la campiña hasta que rebasados los treinta abandona a su marido para firmar por fin con su auténtico nombre, y no como lo hizo durante años recogiendo el tal Willy los parabienes –y el dinero- mientras que ella quedaba en segundo plano.

Un caso, por cierto, muy similar al que ocurrió en España a principios de siglo pasado con Gregorio Martínez Sierra y su amante esposa María de la O Lejárraga, que era quien escribía mientras él era quien firmaba. Con el agravante que el marido se la pegaba con diferentes amantes, fardaba de escritor y era recibido con honores en todos los sitios, tragando ella hasta el final, ya que confesaba estar muy enamorada de él. La escritora Antonina Rodrigo investigó el caso en profundidad y lo contó en sus libros.

Con el buen hacer técnico habitual en este tipo de películas, bien vestidas y bien ambientadas, la trama se sigue con agrado aunque resulte un tanto reiterativa en algunos tramos. Describe con habilidad el París a caballo entre los dos siglos, muestra algunos ambientes muy atrevidos para la época y ciertas costumbres licenciosas que luego Colette narraba con maestría en sus relatos.

La película, no obstante, no carga demasiado las tintas –y hubiera podido- y se mueve en un terreno moderadamente aséptico, suficientemente entretenido y no demasiado original, aunque el resultado global me ha parecido aceptable.

Si este tipo de filmes sirve para ilustrar e informar al espectador aunque sea ligeramente, bienvenidos sean. Si el espectador más avezado y si puede ser buen conocedor de la obra de la autora –véanse no solo la famosa “Gigi”, sino “Cheri” o las aventuras de Claudina, tan mencionadas en la película- espera una brillante indagación en el espíritu de la época, ahí la cosa cambia, ya que se queda un tanto a medias.

Da bien el personaje la Knightley, muy bien secundada por el siempre eficaz Dominic West, aquí no muy reconocible por mor de su caracterización con barba y bigote decimonónico. Un aspecto que según compruebo en Wikipedia se acerca mucho al auténtico personaje.

Sirve para pasar un buen rato. Cinematográficamente no creo alcance el olimpo del género biográfico, aunque tampoco chirría, lo que es de agradecer.



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