Por los caminos del sur

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Green Book nos traslada el problema racial de los Estados Unidos en los años 60.
Green Book nos traslada el problema racial de los Estados Unidos en los años 60.

Fernando Gracia Guía. Precedida por la etiqueta de tapada ante la próxima entrega de los Óscar se estrena en nuestras pantallas  ‘Green Book’, parece que otra vez tenían complicado traducir el título, sorprendente debut en solitario de Peter Farrelly, perpetrador junto a su hermano Bob de una serie de comedias disparatadas y escatológicas que dieron mucho dinero en taquilla aunque fueran masacradas por la crítica, no diré yo que sin razón.

El libro verde del título no es sino un manual de instrucciones y consejos para moverse por el sur de los Estados Unidos allá por los primeros años sesenta del pasado siglo. Se lo proporcionan a un tipo grandote, duro, primitivo, con larga experiencia trabajando en clubes nocturnos de Nueva York, con fama de solucionador de problemas.

Este hombre, Forrest Tucker, que vivió en realidad e incluso llegó a aparecer en algunas películas, ha sido contratado para conducir el coche en el que se va a desplazar un famoso pianista afroamericano, como ahora se dice. O sea, negro, con perdón. Don Shirley fue ese músico, que acabaría por tener una preciosa relación de amistad con el italoamericano de la cual saldrían ambos fortalecidos, cada uno de ellos por diferente motivo.

De eso va la película, a la postre una road movie, género que hay que ser muy torpe para que no dé para un producto al menos entretenido. Y este que nos ocupa lo es de principio a fin, a pesar de que una vez planteada la trama las sorpresas apenas existen y todo se desarrolla dentro de lo previsto.

Una serie de anécdotas que jalonan la tournée para la que se ha formalizado esa pareja es lo que compone el núcleo de la película, que Farrelly conduce con corrección y buen gusto narrativo, apoyado en todo momento por la más que convincente actuación de sus actores protagonistas, de esas que optan a premio en los abundantes festivales donde van a competir.

El tosco chófer es Viggo Mortensen, que aun sin perder su tono de tipo duro habitual muestra un buen tono para la comedia, y que oído en su versión original se puede apreciar la clara diferencia a la hora de hablar con la de su partenaire Mahershala Ali, que encarna al pianista.

Ya pudimos apreciar hace poco tiempo a Ali en la premiada ‘Moonlight’ o en la interesante ‘Figuras ocultas’. Suena para ganar el óscar al mejor secundario. Ya veremos.

Por momentos le viene al espectador a la mente películas como ‘Paseando a Miss Daisy’ –otra tapada que se alzó con premios- o ‘Intocable’ de François Cluzet y Omar Sy –cambiando en esta la raza de contratante y contratado-. En todos los casos se trata de filmes amables, de fácil penetración en el gusto de la mayoría, aunque creo observar un poquito de mayor profundidad en la que ahora nos llega.

Película recomendable, por tanto, aunque tampoco para considerarla en exceso si se para uno a pensar y más aún si la compara con títulos señeros alrededor del problema racial.

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