Eterno Buñuel

La historia nos cuenta las andanzas del director y su amigo Ramón Acín por las pobres tierras extremeñas de las Hurdes, para filmar lo que se acabaría llamando “Tierra sin pan”.

Fernando Gracia. El calandino es un tema que nunca se acaba. Reconocido desde hace tiempo como uno de los cineastas más importantes de la historia del cine, revisitado continuamente y homenajeado por doquier, lejos ya en el ideario general del “flojico, flojico”, que le espetó un paisano, parecía que poco nuevo se podía decir de él.

Y hete aquí que un comic de Fermín Solís es llevado a la pantalla por un director especializado en la animación, Salvador Simó, y da en la diana de pleno.

Porque de entrada solo me cabe decir que “Buñuel en el laberinto de las tortugas” es uno de los mejores acercamientos a la figura de nuestro paisano que haya visto nunca. Un acercamiento que huye de la hagiografía, informa al espectador y además es muy entretenido.




Poco más se puede pedir de un producto que además utiliza la animación –algo para niños, dirán algunos- como medio expresivo. Una animación que reproduce el tebeo original, muy alejada de otros estereotipos a los que estamos acostumbrados.

La historia nos cuenta las andanzas del director y su amigo Ramón Acín por las pobres tierras extremeñas de las Hurdes, para filmar lo que se acabaría llamando “Tierra sin pan”.

Con un ritmo trepidante, con cierto toque humorístico como parece corresponder al comic, la acción nos lleva desde París hacia los míseros poblados hurdanos para contarnos cómo fue el rodaje, pero sobre todo para acercarnos esas dos figuras fundamentales de la cultura. Su amistad, sus desencuentros, las neuras de Buñuel, sus sueños, sus contradicciones, todo esto y mucho más desfila en un soberbio guion aparentemente simple, pero nunca simplista.

Poco a poco la película atrapa a poco aficionado que se sea al cine y a su historia. Si además se conoce la película de la que se habla –uno piensa que todo el mundo la debería conocer, aunque es consciente que no es así- aún se saborea más la labor que Simó ha hecho con el magnífico comic que tenía a su disposición.

Hablada en varios idiomas, se beneficia de la voz que le han puesto a Don Luis, la del actor Jorge Usón, fuerte y grave con evidente toque aragonés sin caer en la desmesura.

Doy por supuesto que la película va a tener un largo recorrido internacional, no en balde el interés que suscita la figura de genial sordo.

No se asuste nadie porque sea “de dibujitos”. Es un filme serio a la par que divertido, ilustrativo, muy bien documentado y yo diría que de visión obligatoria para cualquier mediano aficionado que se precie.

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