El último encargo

'Los hermanos Sisters', un western dirigido por el francés Jacques Audiard que nos traslada a la California de mediados del siglo XIX.

‘Los hermanos Sisters’, un western con sabor añejo.

Fernando Gracia Guía. La primera singularidad de ‘Los hermanos Sisters’ es que sea un francés quien dirija un western, y además un director cuyos filmes anteriores se movían por otros terrenos completamente diferentes.

Jacques Audiard ganó en Cannes con ‘Deephan’ y ‘Un profeta’, convirtiéndose además esta última en un gran éxito comercial en su país. ‘De óxido y hueso’ era también un título interesante y hace muchos más años recuerdo con agrado ‘Un héroe muy discreto’.

Ahora bien, todos estos títulos, más el controvertido ‘De latir, mi corazón se ha parado’ no presagiaban que ahora nos presentara una historia ambientada a mediados del siglo XIX en plena fiebre del oro, que llevó a tanta gente a buscarse la vida en California.




La pareja que da título al filme son dos pistoleros que hacen trabajitos por encargo de un cacique. Encargos violentos, claro. La primera secuencia nos los muestra asaltando una casa a tiro limpio. Nada de sutilezas, nada de glamour ni de sofisticaciones. Violencia seca y descarnada.

Los hermanos reciben un encargo más. Emprenden viaje a caballo, hablan, conviven, discuten. Enseguida nos damos cuenta que no vamos a ver una de tiros convencional, que allí hay algo más.

El filme fluye suavemente, creciendo y creciendo, los aficionados empezamos a creer ver influencias de grandes clásicos y nos quedamos atrapados. Cómo no recordar ‘Dos cabalgan juntos’ o incluso ‘El tesoro de Sierra Madre’, aunque solo sea por el aroma. Porque de esto, de aroma del bueno es de lo que más abunda en este hermoso filme, original sin perder su sabor a western de toda la vida.

El ingenioso giro del guion mediada la película, su excelente ambientación –lograda en parte en escenarios aragoneses- e incluso el tono de adecuación histórica del que hace gala, muy superior a cientos y cientos de películas “del oeste” absolutamente alejadas de lo que seguramente fue aquella época –aunque nos gustaran una barbaridad, sobre todo de chicos, pero eso es otra historia-, hacen que este trabajo de Audiard sea todo un avance en este género tan querido por muchos –entre los que me cuento-, pero que desde ‘Sin perdón’ no nos había proporcionado título alguno digno de mención.

Fundamental en el buen resultado de la película es la actuación de su trío protagonista, mucho más disfrutable oyéndoles en su versión original, claro. Joaquin Phoenix y Jake Gyllenthal están francamente bien, pero quien se lleva la palma y posiblemente opte dentro de unos meses al premio de la Academia es el tantas veces secundario John C. Reilly, en un papel que uno piensa le habría ido como un guante hace décadas a Karl Malden, a quien hasta se parece.

Tras años dejándose ver en papeles de reparto –fue Mister Celofán en ‘Chicago’, nos encantó en ‘Magnolia’ y así en muchas más- en pocos días le hemos podido ver haciendo de Oliver Hardy –el gordo de la pareja con el flaco- y ahora en este hermoso rol de hermano mayor del alcohólico Phoenix, con el que cruza unos hermosos diálogos que elevan y de qué manera el tono del filme.

Película para ser degustada con calma, muy recomendable para los buenos aficionados, una sorpresa agradable y además muy entretenida, que una cosa no quita a la otra.

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