Periferias

Tras una excelente acogida en taquilla en Italia nos llega 'Como pez fuera del agua', firmada por el director Riccardo Milani, un habitual de la televisión.

Crítica de la comedia italiana ‘Como pez fuera del agua’.

Fernando Gracia. Precedida de una excelente acogida en taquilla en Italia nos llega ‘Como pez fuera del agua’, firmada por un desconocido por estos lares como Riccardo Milani, director procedente de la televisión.

La trama se centra alrededor de sendos padres de adolescentes: un tecnócrata que trabaja haciendo estudios –“pensando”, dice él, no en balde su trabajo se define como “thinktank”, que queda más moderno-, y una mujer de humilde extracción, cajera de supermercado, con el marido en la cárcel y manteniendo a dos medio hermanas de profesión “mangantes”.

Los estudios que el hombre presenta en Bruselas se relacionan con las periferias de las grandes ciudades, esos lugares multiétnicos sobre los que no es lo mismo pontificar que vivirlos. Por su parte la mujer es una choni abnegada, merecedora de mejor suerte, que bastante tiene con lo que le ha tocado en suerte.




Los respectivos vástagos de los protagonistas, un chico y una chica de 13 años, dicen que se han enamorado. La hija del burgués da el tipo perfecto de niña pija mientras que el hijo de la aperreada mujer es un “ni-ni” muy mono y bastante hortera.

Las andanzas de ambos padres que, aun siendo aparentemente tan diferentes uno de otro, tienen el interés común de sus hijos, cuya relación les parece una barbaridad, componen el núcleo del guion de la película, en todo momento tratado en clave de comedia.

El comienzo da la impresión de que el director se va a decantar por la comedia bufa, pero poco a poco su tono se va deslizando hacia la ironía, consiguiendo algunas secuencias bastante conseguidas, a veces incluso acercándose a lo que en otro tiempo fue la buena comedia costumbrista italiana, modelo Sordi o Manfredi por citar solo un par de genios de ella.

Así las cosas la película transcurre de forma agradable, sin alcanzar nunca grandes cotas pero sin caer tampoco en lo burdo y chabacano. La buena química entre sus dos actores protagonistas, muy famosos en Italia y mucho menos conocido en nuestro país, Paola Cortellesi y Antonio Albanese, tiene mucha parte de mérito para que la película funcione aceptablemente.

Pienso que un poquito de más mala leche no le hubiera venido mal. Quizá las corrientes actuales de lo políticamente correcto tengan que ver con ello. Se echa de menos algo más de causticidad, sobre todo porque la propuesta de la trama daba para ello.

Un par de curiosidades: llega a nuestras pantallas en días de votación para Europa y el filme respira un aire positivo hacia lo que representa la Unión Europea que no había visto apenas en filmes precedentes. Y como chiste privado hay una alusión a la fundadora María Montessori, cuya figura fue encarnada por la protagonista para la televisión italiana.

No esperen grandes risas ni se dejen impresionar por los millones de espectadores que dicen que ha tenido en el país transalpino. Tampoco piensen que han vuelto Monicelli, Risi, Scola o cualquier otro gran director de los cincuenta, sesenta o setenta. Pero tampoco crean que se van a encontrar con una astracanada. De hecho la película tiene su puntito y en su último tercio acaba funcionando bastante bien, aunque el final sea un poco pastel por otra parte previsible.

Para lo que suele estrenarse bajo la etiqueta de comedia podemos decir que no está mal y al menos no agrede las meninges del espectador.

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