Beatles forever

A la postre, lo que mejor funciona de la película es sus canciones. O sea, las eternas canciones de los Beatles.

Imagen de la película.

Fernando Gracia. Cuando la industria parece haber encontrado un pequeño filón con las biografías de figuras de la música moderna, véanse Freddie Mercury o la reciente sobre Elton John, y dicen que están al caer David Bowie y Boy George, nos llega “Yesterday”, cuyo título remite claramente a los legendarios Beatles.

Pero no va por ahí la cosa, por lo que queda pendiente –y seguramente por mucho tiempo- un filme sobre la vida y la carrera de los chicos de Liverpool. Lo que ahora nos presenta Danny Boyle, muy lejos de sus comienzos –recuérdese “Trainspotting”– pero más cerca de la sobrevalorada “Slumdong millonaire”, que tanto éxito le proporcionó, es una suerte de distopia por la cual se nos hace creer que en el mundo actual nadie recuerda las canciones del cuarteto.

Una vez aceptada la propuesta y convencidos enseguida de que vamos a ver una película amable, cabe la posibilidad de pasar un rato entretenido, siempre y cuando uno no piense en lo que se podía haber hecho de haberse estrujado más las meninges para sacarle más partido a lo surrealista de la idea.




El muchacho protagonista, un sonriente y monocorde Himesh Patel, es un músico aficionado sin suerte como artista. Un buen día descubre que los temas beatlenianos que le vienen a la cabeza no son recordados por nadie, por lo que comienza a cantarlos haciéndolos pasar por obra suya. Como el muchacho tiene una amiga de la infancia que ejerce de manager – encantadora Lily James- con la cual se muestra remiso a dar el paso que todos sabemos acabará dando, ya tenemos la consabida historia de amor.

Una historia donde se nota la mano de su guionista, Richard Curtis, a quien se deben títulos como “Notting Hill” o “Love actually”. En esta ocasión la originalidad brilla por su ausencia, aunque tras el arranque de la trama el espectador tampoco espera gran cosa por ese lado.

A la postre, lo que mejor funciona de la película es sus canciones. O sea, las eternas canciones de los Beatles. Lo que ya le supone una presunta audiencia, dados los millones de seguidores de su música, entre los cuales me cuento. Como aficionado me parecieron mucho mejores las dos aproximaciones biográficas que recuerdo, “Backbeat” –sobre un quinto Beatle antes de que triunfaran- y “Nowhere boy”, sobre la adolescencia de Lennon.

Esto de ahora no pasa de ser un entretenimiento amable, del que se puede ver la botella medio llena y medio vacía. Si se considera que entre el buenismo –feelgood le dicen ahora, que queda más fino- y las canciones se pasa un rato agradable, lo primero. Si se considera que la idea daba para más, lo segundo.

De una u otra forma, Beatles forever.

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