España ingobernable

Alberto San Juan y Fernando Egozcue hacen llegar a los espectadores el valor de la poesía y de la música como testimonio de una situación.

Francisco Javier Aguirre. El pasado sábado, día 7, en el Teatro de las Esquinas, Alberto San Juan y Fernando Egozcue utilizaron la voz y la música para manifestar con textos y canciones la indignación que se está viviendo desde hace decenios en nuestro país. Con especial incidencia en la situación actual, la historia comienza aproximadamente hace un siglo, aunque haya breves referencias anteriores.

El espectáculo es una muestra de cómo un actor, con brillante capacidad de declamación, y un refinado músico argentino de ascendencia española, pueden hacer llegar de modo ameno e impactante a los oídos y al espíritu de los espectadores el valor de la poesía y de la música como testimonio de una situación. Ojalá hubiera muchos más colegas que rompieran de modo similar en los escenarios del país la prevención, bastante generalizada, que provoca la poesía, considerada cosa de exquisitos y minorías cultas.

En la ‘España ingobernable’ aparecen referencias históricas al nacimiento de la segunda República y al fin de la monarquía de Alfonso XIII como punto de arranque. Se leen pasajes de discursos políticos y se declaman versos, comenzando por García Lorca y su ‘Poeta en Nueva York’. Siguen Miguel Hernández, Luis Cernuda, Ángel González, Gloria Fuertes, Jorge Reichman y Albert Plà. Se entonan y se cantan algunas canciones, pero todo gira en torno a la poesía contestataria tratando de abrir mentes y horizontes sobre la situación actual que padecemos.

Una actualidad de largo recorrido, marcada por la opresión y la represión que nace a partir del golpe de Estado de 1936 y llega hasta nuestros días. Una actualidad cuajada de conformismo, lamentable consecuencia de la tierra quemada y la sal vertida sobre la inteligencia individual y social durante 40 años de dictadura. La herencia la hemos ido recogiendo luego, porque unas pocas voces significativas resultan insuficientes para oponerse a la informe masa de conformistas, o al menos de indiferentes, que pueblan nuestras regiones.

Las luchas de la transición, los asesinatos de Atocha o de Vitoria, las huelgas y manifestaciones, y hasta el fenómeno del 15 M, parecen simples episodios insignificantes en medio de la atonía general que nos gobierna. Que gobierna a una España ingobernable, a la que una toma de conciencia política y social, encaminada a través de la reflexión y de la emoción poética, aún podría redimir.



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