Redacción./ Atardeceres bellos hay muchos, pero estos serían una pequeña relación para ver ponerse el sol y reconciliarse con el ser humano y la naturaleza:
Zaragoza: El Pilar
Si quieres vivir un momento mágico en la capital aragonesa no pierdas la oportunidad de darte un paseo por la Basílica del Pilar al atardecer. La puesta de sol desde aquí impresiona por los colores con los que el sol cayendo baña al magnífico edificio de la basílica y al río Ebro. Un auténtico espectáculo de color.

El Mar Menor. Murcia
Esta laguna salada de la ribera murciana es el único lugar del Mediterráneo donde se puede ver meterse el sol por el mar. Sus atardeceres son sublimes, una orgía de colores magnificada por la placidez de las aguas calmas de la laguna.

El Rompido. Costa de la Luz
Un lugar mágico en la provincia de Huelva. Ningún otro enclave presume tanto de verdes y azules, ni de atardeceres mas largos y cálidos en toda la costa sur occidental.

Finisterre . A Coruña
Es el fin del continente europeo, el lugar donde la tierra acababa hasta el descubrimiento de América. Lleno de magia al que aún continúan llegando peregrinos para quemar sus ropas en señal de renovación.

Laguna de Gallocanta. Teruel
Gallocanta es una de las mayores manchas de agua del interior de la Península Ibérica, una de las joyas de la red de humedales españoles. Cada temporada, hacia noviembre, miles de grullas invaden los cielos de Gallocanta en un espectáculo único, donde el claqueo de hasta 30.000 animales juntos ensordece los campos. La silueta de esa nube de pájaros recortada sobre el lienzo tornasolado que las últimas luces del día provoca en la superficie de la laguna es un espectáculo de la naturaleza.

Puerto del Monrepós. Huesca
El Monrepós es un puerto prepirenaico en la carretera que va de Huesca a Sabiñánigo, que por su situación ha sido tradicionalmente el mejor balcón panorámico de la cordillera de los Pirineos. Desde lo alto se divisa en días claros toda la cresta pirenaica; al atardecer y si las cumbres están nevadas, la visión es de las que no se olvida.

La Alhambra. Granada
Toda lista de puestas de sol mágicas en la península debería empezar por el espectáculo de los muros rojizos de la Alhambra realzados por el ocaso y vistos desde el mirador de San Nicolás, una placita abalconada en la parte alta del Albaycín.

Caños de Meca. Cádiz
Caños es el enclave costero más atípico, romántico y natural de la costa gaditana. Al atardecer, docenas de veraneantes y viajeros se reúnen en la playa o en alguna terraza, mientras un sol rojizo e incandescente apaga sus ardores tras la silueta afilada del faro de Trafalgar.

Estos son algunos atardeceres de ensueño, pero hay muchos mas….