El eterno fugitivo

En un tono que recuerda las novelas de Dumas, cargando las tintas en alguna ocasión, con peleas en la mejor tradición del cine de capa y espada, con toques finales de western, el producto final queda bastante aparente.

Fernando Gracia. La figura de François Vidocq ya fue objeto de una película francesa a comienzos de este siglo. En aquella ocasión fue encarnada por Gerard Depardieu y la acción se desarrollaba bastantes años después de las fechas en que se desarrolla “El emperador de París”. O sea, que en la primera Francia había vuelto a la monarquía mientras que en la de ahora todavía gobierna Napoleón.

El director, Jean François Richet, parece más interesado en contarnos una historia de aventuras a la manera clásica, bastante fabulada y buscando el entretenimiento que hacer una suerte de ejercicio de aproximación histórica. Y como tal la cosa le funciona, ya que la película resulta bastante entretenida. Ahora bien, los espectadores que gusten ampliar su acervo cultural respecto a aquellos turbulentos años seguramente no pensarán igual.

De hecho me da la impresión de que no faltarán espectadores que dado el tono de lo que allí se cuenta pensarán que Vidocq es un personaje de ficción, ya que el director se ha excusado unos posibles carteles al final en los que se podría haber informado sobre el destino final del personaje. No se olvide que las enciclopedias cuentan que allá por 1830 fue el fundador de la Sureté, o sea que fue todo un detective “avant la lettre”, expresión que viene a cuento al estar hablando de Francia.




En un tono que recuerda las novelas de Dumas, cargando las tintas en alguna ocasión, con peleas en la mejor tradición del cine de capa y espada, con toques finales de western, el producto final queda bastante aparente, aunque a mi modo de ver algo superfluo y sin profundizar demasiado. Y con sus aditamentos femeninos, un tanto cogidos por los pelos y que quedan, eso sí, muy vistosos.

Por otra parte, como según leo hay bastantes dudas sobre los hechos auténticos de su biografía, ya que la leyenda se sobrepuso ya en vida del personaje con la realidad, no parece descabellado que se opte por darle este toque legendario que adorna el filme.

Como nota curiosa, leo por ahí que al parecer el gran Victor Hugo se inspiró en ese personaje, con el que coincidió cronológicamente varias décadas, para componer los dos personajes masculinos centrales de su memorable obra “Los miserables”: Jean Valjean y Jabert. Por cierto, viendo a Vincent Cassel en esta película uno piensa que el rol de Jabert parece como si estuviera escrito para él.

Cassel cumple sin problemas, apoyado por su peculiar rostro. Le acompaña un grupo de buenos actores franceses, como Patrick Chesnais y el ubicuo Fabrice Luccini, este último interpretando al inefable Fouché, un personaje que bien merecería una película. La literatura e incluso el teatro –recuérdese “La cena”, donde fue Carmelo Gómez- sí se han interesado en ese hombre fundamental en la política de aquellos años.

Si son amantes de la historia, no les sabrá a mucho. Si les gustan las películas de aventuras con cierto sabor añejo, es francamente recomendable. Y como corresponde al género, sin hacerse muchas preguntas.

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