La Universidad de Zaragoza participa en el mayor proyecto europeo contra la tuberculosis

El campus contará con la puesta en marcha de un biorreactor que permite la manipulación e investigación de patógenos humanos, una instalación única en una institución pública de la Unión Europea.

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Zaragoza participa en el mayor proyecto europeo contra la tuberculosis
José Antonio Aínsa Claver junto a investigadores de su equipo “D2AMR”, dentro del grupo de Genética de Micobacterias de Unizar.

Redacción. La Universidad de Zaragoza, con más de dos décadas liderando el desarrollo de una nueva vacuna más eficaz contra la tuberculosis de la mano del catedrático Carlos Martín, vuelve a ponerse a la cabeza mundial al participar en la mayor iniciativa europea para acelerar el desarrollo de antibióticos contra todas las formas de tuberculosis dentro del proyecto ERA4TB (European Regimen Accelerator for Tuberculosis).

Precisamente, el equipo aragonés está liderado por el profesor José Antonio Aínsa Claver y Santiago Ramón-García, de la Fundación ARAID del Gobierno de Aragón, ambos investigadores en el Grupo de Genética de Micobacterias que dirige Carlos Martín, y que lideran una línea propia de investigación dentro del equipo “D2AMR: Descubrimiento y Desarrollo de Antimicrobianos y Mecanismos de Resistencia”.

Esta participación aragonesa, en un consorcio con 31 organizaciones públicas y privadas y un presupuesto de más de 200 millones de euros, permitirá al campus público aragonés poner en marcha una instalación única en una institución pública de la Unión Europea dedicada a la tecnología Hollow-Fiber Infection Model (HFIM). Se trata de un biorreactor en un entorno de seguridad biológica de nivel 3 que permite la manipulación e investigación de patógenos humanos, como es el caso del Mycobacterium tuberculosis. Además, el equipo de la Universidad de Zaragoza pondrá a punto un novedoso sistema de análisis que permitirá identificar antibióticos con capacidad para interferir con los sistemas con los que la bacteria interacciona con el paciente infectado.

Este consorcio internacional está coordinado por la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M), dirigido por GlaxoSmithKline España y cuenta con la dirección científica del Instituto Pasteur y su proyecto, que fue presentado ayer en su primera reunión de trabajo en Madrid, está llamado a transformar radicalmente la forma en que se desarrolla la terapia para el tratamiento de la tuberculosis.

Incidencia y tratamiento

La tuberculosis, causada por la bacteria Mycobacterium tuberculosis, es la principal causa de muerte por enfermedad infecciosa en el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se estima que 10 millones de personas enfermaron de tuberculosis en 2018 y 2 millones murieron a causa de la enfermedad. Aunque su incidencia está disminuyendo, la variedad de la infección resistente a los medicamentos constituye una amenaza creciente para la seguridad de la población mundial. En esta línea, la ONU se ha comprometido a poner fin a la epidemia de tuberculosis para 2030 por medio de la acción conjunta de sus estados miembros.

El tratamiento estándar de la tuberculosis consiste en la administración combinada de tres o cuatro antibióticos, todos ellos desarrollados hace más de 60 años. La duración mínima del tratamiento es de seis meses, aunque si la infección es del tipo resistente, puede alargarse hasta los dos años. “La aparición de estas bacterias resistentes a los tratamientos convencionales obliga a buscar nuevos fármacos que, en combinación con otros que están en uso, puedan combatir las nuevas cepas”, explican los investigadores. “Se trata de un desafío para Europa como lo es también a escala global, dado que, si no luchamos contra la tuberculosis multirresistente, la enfermedad podría convertirse en un problema global”.

El proyecto global

ERA4TB se centra en la fase de desarrollo de un medicamento que comienza una vez identificado un nuevo fármaco potencialmente efectivo y que abarca hasta la realización de los primeros ensayos clínicos. Esta fase, en la que se verifica la seguridad y eficacia del compuesto, así como su mejor posología, es un proceso que conlleva un coste de entre 10 y 20 millones de euros y puede durar hasta seis años. Por ello, si se desarrolla un nuevo tratamiento en el que se combinan cuatro compuestos de manera secuencial, el tiempo de espera es superior a veinte años.

El proyecto ERA4TB propone abandonar este esquema secuencial para adoptar una vía de desarrollo en paralelo que permite la investigación simultánea de más de una docena de moléculas potencialmente efectivas contra la tuberculosis. Este enfoque, materializado en una red colaborativa adaptativa, permitirá a ERA4TB optimizar los costes de desarrollo de nuevos fármacos contra la resistencia antimicrobiana (AMR, por sus siglas en inglés) y, lo que es más importante, reducir significativamente los tiempos de desarrollo de los nuevos tratamientos combinados necesarios para erradicar esta epidemia, comentan los investigadores.

“Estamos muy entusiasmados con el inicio de ERA4TB, un proyecto de colaboración único en el campo de la tuberculosis, en el que la experiencia de los socios públicos y una cartera de prometedores fármacos candidatos preclínicos de compañías farmacéuticas se aúnan para acelerar el desarrollo de nuevos candidatos clínicos. El objetivo final es ofrecer un régimen de combinación innovador y diferenciado para el tratamiento de la tuberculosis, que puede desempeñar un papel clave en la agenda de erradicación de la enfermedad”, comenta el líder del proyecto, David Barros, vicepresidente de Global Health R&D de GlaxoSmithKline y jefe de investigación de la rama de tuberculosis.

El proyecto tiene dos grandes metas. En primer lugar, conseguir llevar a ensayos clínicos al menos seis nuevos antibióticos y dos combinaciones de estos que sean tratamientos seguros y eficaces contra cualquier forma de tuberculosis. Y, en segundo lugar, dotar de sostenibilidad a la red creada en el proyecto de forma que las capacidades y las relaciones entre expertos e instituciones perduren en el tiempo y se consoliden en Europa de forma que también pueda explotarse para el desarrollo de otros fármacos para la lucha contra la resistencia antimicrobiana.

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