La pintora y su modelo

La película 'Retrato de una mujer en llamas' llega a la taquilla después de haber ganado el premio al mejor guion en el último Festival de Cannes.

Una imagen de la película.

Fernando Gracia. El haber ganado el premio al mejor guion en el último Festival de Cannes implica que el espectador se posicione con expectativas ante “Retrato de una mujer en llamas”, dando por hecho que va a disfrutar de un trabajo interesante.

Y así es: la directora Céline Sciamma, de que quien creo recordar se vio en España “Girlhood”, también de temática claramente femenina como indica su título, firma un trabajo de aire exquisito, en el que consigue mantener el interés del espectador durante un par de horas a pesar de las pocas peripecias que la historia contiene.

Es una película de miradas, de gestos, mediante los cuales vamos asistiendo al proceso de atracción entre las dos mujeres protagonistas: una pintora profesional y una joven destinada al matrimonio, quien debe ser el tema del retrato que la primera debe pintar.

La acción se sitúa en el último tercio del siglo XVIII, en un palacio a orillas del mar. Aunque no se dan apenas datos, parece la costa bretona. La madre de la futura esposa ha contratado a la pintora para que haga el retrato de su hija, que enviarán al futuro marido, residente en Milán.

Cuatro mujeres componen la trama: las tres citadas y una joven criada, cuya subtrama enriquece el guion con sus circunstancias personales. Un acierto del filme es la no presencia masculina, para no caer en lo fácil en un tipo de historias como la que se nos narra.

Se ha venido a comparar este trabajo con la premiada “Vida de Adèle”, aunque el paralelismo me parece escaso. En esta ocasión las escenas explícitas brillan por su ausencia y no hay una sucesión de encuentros con todo al aire como ocurría en la anterior. Todo lo contrario, la directora se muestra sutil y contenida, sin que por ello falte el deseo y el impulso amoroso, cuyo crescendo se desarrolla ante nuestra mirada y es a mi modo de ver el mayor mérito de la película.

Como se desprende de lo dicho, el filme es de desarrollo parsimonioso y está envuelto en ese aire de cine de “qualité” tan del gusto francés. Así que no es muy recomendable para los aficionados al cine de acción rápida y narrativa a brochazo limpio.

Muy ajustadas las dos protagonistas, Adéle Haenel y Noémie Merlant, más conocida la primera que su inquietante compañera. En el personaje de la madre recuperamos a Valeria Gorino, actriz siempre a caballo entre el cine francés y el italiano.

Filme notable, a mi modo de ver, sobre todo por su sutileza y su belleza estética.

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