Muerte en el Nilo

Hay obras literarias que mantienen su vigencia a lo largo del tiempo y propician su difusión por medios distintos al de su origen, aunque deban variarse algunas circunstancias. Es el caso de ‘Muerte en el Nilo’.

Francisco Javier Aguirre. El Teatro de las Esquinas ha presentado durante el pasado fin de semana una versión dramatizada de la famosa novela de Agatha Christie ‘Muerte en el Nilo’, una obra de intriga y suspense ambientada en Inglaterra y Egipto, durante la época de entreguerras, y publicada en 1937.

Esta producción de Alain Cornejo, adaptada y dirigida por Víctor Conde, corre a cargo de un amplio elenco  de actores integrado por Pablo Pujol, Adriana Torrebejano, Fernando Vaquero, Ana Rujas, Ana Escribano, Miquel García Borda, Sergio Blanco,  Lorena de Orte, Paula Moncada y  Dídac Flores.

La versión teatral cubre el relato correspondiente al viaje, segunda parte de la novela, planteando la intriga derivada del asesinato de una joven de la alta sociedad británica durante un crucero por el Nilo, un asesinato frío y sin explicación aparente. Durante el viaje ocurren otros asesinatos, y uno de los viajeros, a quien hemos de identificar con el célebre detective Hércules Poirot –aunque a lo largo de la representación no se cite su nombre–, se ocupa de analizar la situación hasta desentrañar el misterio que envuelve cada uno de los asesinatos, concluyendo la acción con un suicidio por amor.




El cierto anonimato del detective fue idea de la propia Agatha Christie, quien así lo ideó en la versión teatral escrita antes de la publicación de la novela, una de las más románticas nacidas de su pluma, aunque tardara cierto tiempo en llegar a los escenarios.

En esta adaptación hay cambios significativos en cuanto a la trama original. Víctor Conde, profundo admirador de la autora, pone en escena un espectáculo tremendamente sensual, con los movimientos de danza de los personajes acompañando la secuencia narrativa. Cuenta con una escenografía escueta, diseñada por Ana Garay, que sugiere la cubierta de un barco, y que va construyéndose al ritmo de la propia historia, plasmando la trama con una estética muy particular, con los susodichos movimientos de danza hasta el cambio de ritmo cuando ocurre el primer asesinato.

La música adquiere relevancia dentro del montaje. Se interpreta en directo, con notable acierto por parte de Paula Moncada, y dibuja la personalidad de cada uno de los personajes, utilizando ritmos y melodías de Cole Porter o Gershwin. Los actores y actrices se esfuerzan en su papel, aunque en algunos casos los resultados no son del todo convincentes.

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